Opinión

Sacerdotes fallecidos por el COVID-19

Coronavirus.
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No tenemos los datos de los sacerdotes, religiosos y religiosas, víctimas del Covid-19 en España. La cifra más reciente –de hace ya varias semanas-, aproximada, fue la que ofreció el secretario general para todos los incendios, monseñor Luis Argüello, que habló de entre 65 y 75, sin precisar más. 

El sacerdote e historiador toledano, siempre riguroso en sus investigaciones, don Jorge López Teulón, ha ofrecido en su blog, hace ya un par de semanas, la cifra de 111 sacerdotes, religiosos y religiosas fallecidos en España.

Por cierto que nadie cuenta los miembros de movimientos, institutos seculares y
realidades eclesiales varias.

En Italia se está haciendo un esfuerzo notable por ofrecer datos conjuntos, tato en la Conferencia Episcopal, a través por ejemplo de su página web y en los medios que dependen de ella.

En el diario “Avvenire” se habla de 110 sacerdotes diocesanos en activo, sin los religiosos y las religiosas. En ese medio se ha abierto una estremecedora sección titulada “Pretipersempre”, sacerdotes para siempre, en la que se van desgranando las imágenes y las biografías de estos hombres que han entregado su vida por la Iglesia.

En este sentido no podemos dejarnos guiar por los datos de cercanía. Por más que lleguen noticias de que en solo una vicaría de una gran ciudad han fallecido cerca de una docena, o que en tal o cual congregación religiosa, en alguna comunidad, han muerto hasta diez miembros, esos números son siempre engañosos y no ofrecen una perspectiva real de conjunto. Hay casos en residencias sacerdotales de diócesis dramáticos y hay otras residencias que se han visto liberadas de la presencia del virus moral.

Hace unos días me decía un amigo que tenía la necesidad de leer las esquelas en el periódico regional para así rendir un personal y sencillo homenaje, y elevar una oración, conociera o no a esas personas fallecidas durante estas trágicas semanas.

Si hablamos de la escasa sensibilidad social y política ante los fallecidos por el Coronavirus, no estaría demás que la Iglesia diera un paso al frente en lo específico de su forma de hacer las cosas, sin atisbo de morbo, con seriedad y rigor.

Se trata de hacer lo posible para que seamos conscientes y sintámonos orgullosos de la vida de estos sacerdotes, que entregaron su vida al Señor, que han gastado su vida por los fieles haciendo posible la presencia de la eucarística, y que ahora ya contemplan al Amor de los Amores.

Ejemplos de vida que alientan y convocan a la esperanza.

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