Opinión

Los resultados electorales y la Iglesia

Los cinco candidatos principales
photo_camera Los cinco candidatos principales

Quizá sea pronto para sacar conclusiones sobre los resultados del 28-A en lo que afectan a la conciencia cristiana y a la misión de la Iglesia en la sociedad española. Pero ceo que se pueden apuntar algunas tendencias.

La primera conclusión es evidente. Un gobierno de PSOE y Podemos, con las adherencias necesarias, introduce una agenda laicista, y en cierto sentido anticatólica, para un espacio que une tanto a los votantes del PSOE como a los de Podemos.

Es decir, la modulación, y en algunos casos moderación, con la que el PSOE se había conducido, no en temas morales, sino en las relaciones con la Iglesia como sujeto público se puede acabar en esta legislatura. Incluso si el PSOE va solo, su electorado, y sus militantes, le van a exigir gestos en esta temática y con este sentido.

No olvidemos que Pablo Iglesias ha dicho por activa y por pasiva que tiene tres dianas bien señaladas: la banca, las eléctricas y la Iglesia. Recordemos que en el segundo debate lo que le echó en cara a Sánchez fue que no había cumplido con su promesa de denunciar los Acuerdos. Y tampoco olvidemos lo que dijo del excesivo peso de la Iglesia en la educación.

Vayamos a las consecuencias prácticas de un posible pacto de investidura de izquierdas. Ya lo dijo Pedro Sánchez, lo primero, la eutanasia. Lo segundo intensificar la agenda de propuestas morales laicistas, que pasan por las leyes y programas de ideología de género, principalmente en las escuelas, ingeniería ética para una sociedad que está virando malamente haca un relativismo mezclado con un hedonismo.  Ojo con el cambio que se está produciendo en la identidad moral de la sociedad española.

Feminismo a ultranza. Eliminación de símbolos religiosos y servicios en lo público. Potenciar otras religiones para acabar con la hegemonía católica en la sociedad. Permisividad ante ataques, ofensas, vulneraciones de principios de convivencia social sobre lo religioso. La educación será un campo de batalla claro. Quizá en la única cuestión que se darán convergencias es en la de los vientres de alquiler y en las sociales, para una parte de los católicos. Lo cristiano ahí será fácilmente instrumentalizado.

El tema de los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado, que es clave por lo que conlleva de forma de articular pactos va a estar pronto encima de la mesa. La apuesta del PSOE y Podemos es una nueva Ley de libertad religiosa en la que la Iglesia católica se equipare con el resto de las confesiones. Aquí se van a topar con la Constitución. De nuevo, vuelve la histórica cuestión religiosa a escena.

Por cierto que el buenismo de algunos altos eclesiásticos que alardean de excelentes relaciones personales con la izquierda, incluso la más radical, incluso la  independentista, va a generar un espejismo que confundirá más que aclarará permitiendo posibilidades efectivas de diálogo. La conversación y el diálogo es necesario, pero la agenda ya está hecha y no se va a modificar.

Pasemos a la derecha. El voto católico de la derecha ha entrado en una fase de fragmentación y de división, por lo tanto, se divide el catolicismo conservador de forma nítida. Y se agudiza la distancia entre el católico de izquierdas y el de derechas, sobre todo en las nuevas generaciones.

Tenemos un VOX, que defiende los principios irrenunciables por la vía fáctica, pero que hace alarde de anticlerical, y un PP que se va a romper, entre otras razones, porque quienes quieren acabar con Casado le van a recordar que su fracaso también está en el hecho de haber querido dar contenido ideológico –cuestiones morales- para atraerse a un lectorado que ya no es suyo.

Ojo, no quiero ni imaginarme cuando se lleve al Congreso, por ejemplo, la ley de eutanasia, y VOX sea el único partido que haga afirmaciones que coincidan con la doctrina de la Iglesia. ¿Qué dirán entonces algunos altos eclesiásticos? Y VOX lo va a hacer no para defender a la Iglesia sino porque están convencidos de su inspiración católica occidental.

Hay un PP, además, que considera a la Iglesia traidora por la cuestión de Trece, el canal que le concedió el gobierno de Rajoy y su reciente giro ideológico y que iba a ser la única televisión no del monopolio cultural y mediático de la izquierda. Con lo que se van a complicar más las relaciones con una derecha tan relativista como las otras formaciones del centro.

El auge de Ciudadanos es el de un partido que siente aversión por los temas morales que afecten a la propuesta cristiana en lo referido a la antropología. Y también en los de política social. Por lo tanto, Ciudadanos, ni está ni se le espera. Sobre los Acuerdos Iglesia-Estado también van a apostar por una reforma, por mucho que en las formas sea amables y Villegas pretenda llevarse bien con los obispos.

Y todo esto ocurre con una Conferencia de obispos en proceso de cambio generacional y con la expectativa de un nuevo Nuncio que va a tener no poco trabajo. Un Nuncio que deberá comprender, para aminorar la complejidad y división del catolicismo patrio, a la España en la que va a aterrizar. Un auténtico reto, por tanto.

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