Opinión

Respuesta eclesial al nuevo Gobierno

Luis Argüello.
photo_camera Luis Argüello.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Argüello, ha dicho, en la habitual entrevista de balance del año a la agencia EFE, que los obispos van a dormir tranquilos si se forma un gobierno PSOE-Unidas Podemos. “Claro, porque los obispos, si son buenos creyentes, duermen tranquilos porque ponen su confianza en el Señor del Universo. Por eso, quien te da la confianza es quien te la
puede dar”, señaló.

Que conste que me ha encantado el inciso de “si son buenos creyentes” porque se supone que los obispos lo son de fábrica. Y como argumento general no está mal. Podría haber añadido que si la Iglesia de Jesucristo superó la historia de las persecuciones en la época romana, el comunismo y el fascismo, por qué no iba a superar ahora el primer gobierno social-comunista desde la Segunda República.

Es lógico que los obispos manifiesten un estado de tranquilidad y partan de la posición estratégica de la quietud y la calma. E insistan en la dimensión escatológica de la propuesta cristiana.

Sería absurdo que fueran los obispos quienes lanzaran la primera provocación, aunque los argumentos sobre los que se construyen no pocas de las nuevas medias del Gobierno sean falaces. Ojo que la verdad también importa y aquí, en España, nos estamos jugando la concepción y comprensión de la verdad pública y privada.

¿O acaso alguien, en la Conferencia Episcopal, o en algún palacio episcopal, piensa que el hecho de que Pablo Iglesias sea Vicepresidente del Gobierno, responsable de las denominadas políticas sociales, no va a tener nada que ver con la Iglesia católica en España y con la propuesta cristiana?

Claro que preocupa y se palpa ya en las conversaciones. Y algo se vio en la pasada Asamblea Plenaria con la detallada explicación que se les presentó de las medidas futuras que afectan a la cuestión económica y jurídica.

Decir estas cosas no significa querer echar más leña al fuego. Sin duda, lo que se necesita es frialdad de juicio, bueno, de discernimiento, como se dice ahora, y claridad en las propuestas. Y quizá también un cierto liderazgo interno y externo. 

Es indiscutible que no pocas de las medias del nuevo gobierno, en diversos frentes, entran en colisión directa con la propuesta cristiana, en educación, en comprensión de la persona, incluso en derechos básicos de la Iglesia, desde el punto de vista económico y de la propiedad.

Por cierto, atentos a esa anunciada Ley de conciencia y lo que esconde bajo el paraguas de una supuesta incidencia en la neutralidad del Estado. De lo que habla es precisamente de lo contrario: apuesta por la implantación de una ideología estatalista que no ha digerido la auténtica neutralidad continental.

En este estado de cosas, los obispos, pasado el invierno, tienen que elegir al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal. Ese será un síntoma de cómo afrontan el devenir histórico de una sociedad, de una nación –bueno, a este paso, de unas cuantas-. Por cierto, tema este, el de las naciones en España, no menor en la medida en que conceptos como el bien común, el bien general, la solidaridad de todos los españoles, el derecho a la unidad del que habló el magisterio de Juan Pablo II,
ahora se ven directamente afectados. Y ahí también habrá que decir algo, en Madrid y en Barcelona, por el bien de todos.

Lo que no podemos olvidar es que está en juego la libertad de la Iglesia y la capacidad de su propuesta evangelizadora. Un dato evidente es la libertad de la Iglesia a la hora de articular una propuesta educativa eficaz.

Veremos. El futuro siempre está abierto, mejor como proyecto que como pasiva sorpresa, y va a ser apasionante.

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