Opinión

Relajamiento en la liturgia

Misa en Empel en honor a la Inmaculada Concepción
photo_camera Misa en Empel en honor a la Inmaculada Concepción

A propósito del reciente documento de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe sobre la oración cristiana he recordado que tenía una asignatura pendiente, reflexionar en voz alta sobre una experiencia que vivo como fiel cristiano.

Desde hace un tiempo, cuando asisto a la celebración eucarística predominantemente diaria, en diversos lugares de España, me estoy encontrando con una especie de relajamiento litúrgico.

Tengo que advertir que las veleidades de observación inquisitorial están muy lejos de mi forma de mirar. Simplemente me topo cada vez más con la práctica desaparición de la casulla, con la proliferación de plegarias paralelas, con la alteración de las partes de la misa, supresión de algunas de ellas… Vamos, lo de siempre.

No seré yo quien niegue que, en recientes tiempos pasados, vivimos una especie de obsesión por la estética de lo antiguo, que pudiera proceder de una incorrecta interpretación del esfuerzo que Juan Pablo II, y sobre todo Benedicto XVI, hicieron por explicar el sentido y la práctica de la liturgia católica. Por cierto, obsesión formal de apariencias, que no tiene nada que ver con la recuperación del
Vetus ordo.

Pero ahora percibo no un olvido de esa pedagogía, sino un abandono, un desasimiento, un relajamiento que convierte a la celebración de la Iglesia en celebraciones particulares de comunidades autónomas, al socaire de lo que se le ocurre al sacerdote en cada momento, de su inspiración circunstancial, de sus filias y fobias que, ciertamente, no le interesan más que a él.

No quisiera poner ejemplos, incluso de este verano, para no dar pistas. Pero tengo algunos casos, incluso en un Monasterio de Clarisas, de libro. Ah, y no se trata de solo determinados sacerdotes, comienza a ser algo más.

Lo curioso es que me parece que la preocupación por una liturgia bella, bien cuidada, atractiva, trasparente para el misterio, y que facilite en encuentro con Cristo y los hermanos, ha pasado a un segundo plano. Y que lo grave es que entremos en la dinámica del todo vale. Y que quien tiene la responsabilidad de decir algo, pues no diga nada.

Simplemente eso, una experiencia que comparto con los lectores. Yo sigo con el último libro entrevista con el cardenal Robert Sarah, “Se hace tarde y anochece” (Palabra), que me está fascinando.

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