Opinión

Qué pasa con las JMJ

Hakuna grupo de jóvenes
photo_camera Hakuna grupo de jóvenes

He leído en algún sitio al periodista Antonio Pelayo, vaticanista y otros menesteres, que la información sobre el Sínodo de los obispos no está funcionando.

Ponía el ejemplo de dos días en los que intervinieron en el Aula unos sesenta padres y hubo 25 intervenciones libres. Y no sabemos sobre qué temas ni con qué orientaciones.

Es cierto que se organizan ruedas de prensa de no pocos intervinientes en las que hablan de lo que se dice, de los climas de opinión internos. Pero en una Iglesia sinodal, también para la transparencia informativa, no estaría de más que se pudiera saber qué ha dicho cada uno.

Es decir, quién dice qué, a quién, de qué manera, con qué efectos buscados y en qué momento. Vamos, el ABC de la comunicación pública.

Lo digo porque me sorprende las escasas referencias, que yo sepa, a las Jornadas Mundiales de la Juventud en un Sínodo sobre los Jóvenes. Como si esa profética inspiración de encuentro hubiera pasado a la historia.

Supongo que más de un padre sinodal, auditor o invitado especial, en algún momento de su vida, participó en alguno de esos encuentros. No voy a perder tiempo de tirar de hemeroteca y ver lo que escribía alguno de ellos después de haber vivido una de esas jornadas.

Lo que no se puede negar es que generaciones de cristianos se han formado y conformado en esos acontecimientos que, además, han traído a la Iglesia un rico magisterio pontificio.

No se trata de nostalgia, ni mucho menos. Es cierto que hubo quien ponía en duda las JMJ por su dimensión de masa, de expresión de una Iglesia triunfalista que lo llena todo, que apabulla. De un Iglesia de impresiones, momentos de euforia, y después de abandono práctico. Siempre se dijo que las JMJ eran el principio del camino, no el final. Incluso me puedo imaginar argumentos sobre las carencias de esos encuentros en las perspectivas de lo social.

Pero lo que no se puede discutir es que las JMJ son auténticas oportunidades para que la Iglesia hable a los jóvenes del mundo de lo mejor de sí misma, de Jesucristo y su Evangelio. Para que hable el Papa y para que los jóvenes hagan apostolado con otros jóvenes, para que se experimente la maternidad de la Iglesia.

Bueno, se me ocurre pensar que en la oración que tuvo el Papa con los chavales de Hakuna, pilotados por José Pedro Manglano, les habló de las JMJ. No en vano ese movimiento, que dicen ahora, nació en una de ellas.

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