Opinión

¿Qué pasa con el Pontificio Instituto Juan Pablo II?

El Papa Francisco en la inauguración del Año académico del Instituto Pontificio Juan Pablo II.
photo_camera El Papa Francisco en la inauguración del Año académico del Instituto Pontificio Juan Pablo II.

En los últimos días hemos asistido al goteo de una serie de noticias sobre lo que algunos autores han denominado la “demolición” del Pontifico Instituto Teológico Juan Pablo II para las ciencias del matrimonio y la familia. Parece ser que no solo se han reformado los Estatutos de esta institución académica sino que se ha hecho una primera purga de docentes.

En la vida de toda institución académica debe haber un proceso de evolución y adaptación. Es la ley de la historia, por no decir la ley del progreso de la historia. ¿Estamos en este caso ante una evolución con una lógica interna o nos enfrentamos a algo más y distinto?

Lo primero que hay que aclarara es el significado de este Instituto en la historia de la Iglesia reciente. Podría aducir varias fuentes de autoridad, me quedo con lo que dice el cardenal Ángelo Scola en sus Memorias, que cito de memoria, por cierto.

Ahí el cardenal Scola se refería al Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para los Estudios sobre la familia y la vida como uno de los símbolos del pontificado de Juan Pablo II, que es como decir uno de los símbolos de la presencia de la Iglesia en un período de determinado ante una cuestión determinada. 

Este Instituto, que además se vertebró universalmente a través de la demanda de los obispos y de los alumnos que formaban una gran familia, no solo contribuyó decisivamente a pensar la familia, sino que hizo posible una evolución de la teología y la pastoral del matrimonio y la familia a la altura de su tiempo. Sin duda, hay que ligar los COFs diocesanos a esta renovación.

No voy a entrar ahora en la cuestión subyacente de la disputa entre las formas morales dominantes en la historia de la teología reciente. No creo que se trata, ¿o sí?, de disputas entre Escuelas.

Tampoco negaré que hay quienes están en la cresta de la ola que les parece molestar el magisterio de Juan Pablo II y sus prioridades. Lo que parece claro es que el Papa Francisco ha puesto el foco en una serie de problemáticas a las que hay que dar adecuada respuesta.

La clave es doble: primero, el contenido y la forma de la respuesta, que no dudamos que debe ser siempre acorde con el magisterio de la Iglesia. Y, segundo, la voluntad de ofrecer de forma coordinada y colaboradora esa respuesta. Aquí puede estar el problema. No en vano hay que recordar el manifiesto del Instituto contra el Instrumentum Laboris del Sínodo sobre la Familia, sobre el segundo,
creo. Un movimiento más que discutible por la naturaleza del Instrumentum. Lo que no se puede negar es que ha habido generaciones de matrimonios cristianos que han ejercido un liderazgo en las diócesis, y que se han formado en el Pontifico Instituto Juan Pablo II, que asisten perplejos a esta operación. Y esta es una de las dimensiones del drama.

Una vez más, las diferencias internas pueden estar provocando una parálisis efectiva y pueden estar produciendo la nube de la desorientación. Y no digamos en España en donde gran parte de los delegados de Familia y Vida son alumnos del citado Instituto. Veremos en los próximas semanas algunas sorprendentes y sospechosas operaciones en torno a la presencia de esta institución en nuestro país, en algunas diócesis. Con la salvedad de que, se quiera o no, el problema de quienes utilizan el pontificado del Papa Francisco para acabar con el pasado reciente es que no aportan nada nuevo, no tienen nada, ni nadie, con lo que sustituir lo anterior. Pero ese es otro problema.

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