Opinión

Las otras víctimas de la pederastia

José María Díaz.
photo_camera José María Díaz.

Es cierto, la firmeza del Papa, y de la Iglesia entera, contra los abusos sexuales y de poder, y el acompañamiento y reparación hacia de las víctimas, deben ser principios en los que no cabe la tolerancia cero, por utilizar una expresión periodística.

Pero se está dando un fenómeno, que puede ser numéricamente limitado, que de por sí representa un nuevo reto, el de las nuevas víctimas de los casos de pederastia: quienes han sido acusados, se han visto en un proceso, han sido apartados y suspendidos, investigados, y finalmente absueltos.

Pero no debemos olvidar que quienes han sufrido la injusticia de una denuncia falsa, han cumplido ya la pena de telediario civil y eclesial, con lo que les ha conducido a procesos de depresión, incluso límites, con la vida y el sentido de la existencia y el sacerdocio. Por cierto, denuncias iniciales que tuvieron múltiples intenciones y no precisamente santas.

¿Se puede, y se debe, hablar de una justicia de reparación ante estos casos?¿Qué papel deben tener los actores en los procesos de denuncia, investigación de los casos, en los momentos de archivo de los procesos? 

Por cierto. Esta situación de clérigos denunciados y luego declarados inocentes se ha producido ya en varios países del mundo y con consecuencias personales y familiares trágicas. En general, no me estoy refiriendo al plano jurídico canónico, ni al civil solo. 

Me refiero al previo, que entra en el orden de lo ético, de lo moral, y que tiene también repercusión en lo social, en la opinión pública eclesial. 

Los lectores pensaran, a estas altura del artículo, que estoy escribiendo, y pensando, en uno o en varios casos concretos que han ocurrido en España en los últimos meses.

Por ejemplo, es público el ocurrido con el que fuera Deán de la catedral de Santiago de Compostela, don José María Díaz. El comunicado de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, del pasado 26 de julio anunciando el archivo del proceso, es paradigmático de una situación que se ha cerrado en varias diócesis y que, en casos venideros próximos, se va a dar, tal y como están varios procesos.

Quizá una de las claves de todo esto está en la responsabilidad de los medios de comunicación, también los eclesiales, a la hora de abordar estas denuncias en el tratamiento informativo.

 
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