Opinión

La oración y la teología, también

Convento de las Agustinas.
photo_camera Convento de las Agustinas.

Conozco un monasterio, otro de clausura clásica, que en los últimos tiempos se publicitaba como “Balneario espiritual”. Me he acordado de estas mujeres, porque hasta el presente, que yo sepa, es femenino, a propósito de la reciente Nota de la Comisión Doctrinal de nuestros obispos, -que ya se ve tienen agenda propia-, sobre una serie de orientaciones doctrinales a propósito de la oración cristiana.

Y digo lo de la agenda por el hecho de que últimamente, con poca frecuencia, se oye a alguien decir que no todo vale. Y además de una forma clara, completa, que parte de la teología y llega hasta las novedosas prácticas de sincretismo psicológico.

Documento en el que se dice también que el desafío básico de nuestro tiempo “consiste en “mostrar” a los hombres la belleza del rostro de Dios manifestado en Cristo Jesús de modo que se sientan atraídos por Él”.

Tengo que confesar que las hermanas de ese monasterio me caen bien, incluso me parecen una singularidad atractiva, siempre y cuando el interlocutor haga el ejercicio de abstraerse de la realidad. No pocas veces he pensado, incluso se lo he dicho, que toda su historia me suena a Port-Royal.

No voy a hacer referencia a las próximas actividades organizadas en el referido monasterio. Simplemente me pregunto si no pocas de las prácticas de oración a las que se refiere el documento de los obispos, y que no se pueden calificar como cristianas, se han difundido por un problema previo de carácter teológico.

Por lo tanto, en origen, lo que hay que clarificar también es la teología. Algo que, ciertamente, hace el documento de los obispos. Aunque quizá no haya profundizado en algún aspecto relacionado con el tema general: el hecho de que no pocas celebraciones litúrgicas se hayan convertido en liturgias de la comunidad particular a modo de terapias psicológicas, por no decir freudianas, y no de la
Iglesia. Celebraciones en las que se inventa hasta el Padrenuestro. 

Es decir, que se ha dado carta de naturaleza a una oración que no puede considerarse cristiana porque se partía de una inadecuada teología, una teología alejada de la Tradición y del Magisterio, de una correcta comprensión de la naturaleza del Dios Trinitario, de Cristo, Señor y Salvador, y de la Iglesia. Por cierto, que sobre el caos litúrgico que se extiende cada vez más, hablaremos en otro momento.

 
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