Opinión

Navegar por el Rin

Cardenal Rainer Maria Woelki.
photo_camera Cardenal Rainer Maria Woelki.

Recuerdo una historia no canónica del Vaticano II que se titulaba “El Rin desemboca en el Tíber”. Ahora podemos buscar un río de la Amazonía y escribir un titular que diga algo así como “El Rin desemboca en el Amazonas”, por no escribir el Caquetá o el Putumayo.

Al fin y al cabo no es solo cuestión de geografía. Vayamos primero al Rin, que ya llegará la hora de escribir sobre el Amazonas, también desde la perspectiva del método eclesial en la búsqueda del bien de la Iglesia. 

Lo que está ocurriendo en la Iglesia en Alemania está pasando demasiado inadvertido y, sin embargo, nos puede dar más de una desagradable sorpresa.

Cuando escribo esta columna leo las primeras transcripciones de lo que el Papa Francisco ha dicho en el vuelo de regreso de África y veo que ha hablado sobre los cismas. Ya habrá tiempo de comentarlo.

No sabemos cómo va a terminar el camino sinodal de la Iglesia alemana pero por algunas declaraciones de relevantes eclesiásticos algo huele a cisma, si no de derecho, sí de hecho. En el supuesto de que no exista ya el “de facto”.

Lo que más me ha llamado la atención a este respecto son las declaraciones del cardenal Rainer Maria Woelki en la “Revista Palabra”. Hombre de mesura, lanza algunas alertas en una entrevista que aparentemente iba de su carta pastoral sobre la Eucaristía. El contexto es claro. El camino sinodal parece no atender de forma íntegra a la carta del Papa Francisco a la Iglesia en Alemania.

En la agenda de ese camino están una serie de temas que algunos sectores del catolicismo consideraban “asignaturas pendientes”, es decir, las cantinelas de siempre: abolición del celibato opcional de forma progresiva, comunión interconfesional, sacerdocio de la mujer, la doctrina sobre moral sexual, lo referido a los ministerios en la Iglesia…

Es decir, una modificación sustancial de la naturaleza de la Iglesia a través de una especie de desamortización de la sustancia de los sacramentos y de los criterios de la acción moral.

El cardenal Woelki lo ha dicho claro en la citada entrevista: “A las fuerzas centrífugas que en la actualidad experimenta la Iglesia en Alemania, y que amenazan con disgregarla, muchos responden llamando a realizar reformas estructurales, convocatorias y actividades, o simplemente adaptando la fe de la Iglesia a la opinión pública”.

Y ha añadido: “Es ostensible que el Papa sigue con interés, y puede incluso que también con un poco de preocupación, la Iglesia católica en Alemania, que en algunos aspectos es tan rica y en otros tan pobre. La Iglesia es “sacramento” en un sentido analógico, es decir, como sabemos, signo e instrumento de salvación, y por eso necesita estructuras visibles y palpables. Pero los elementos visibles están al servicio de la gracia invisible. Quizá teme el Papa Francisco que a veces invirtamos en Alemania esa relación. Yo entendería esa preocupación”.

 
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