Opinión

El mejor alcalde, Martínez-Almeida

El alcalde José Luis Martínez Almeida. Foto, Ignacio Arregui
photo_camera El alcalde José Luis Martínez Almeida. Foto, Ignacio Arregui

Sara de la Torre, de la Revista “Ecclesia”, le ha hecho una entrevista al Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que no debe pasar inadvertida.

De hecho, la periodista señala que fue el Rector de Comillas, el jesuita P. Julio Martínez, oráculo de estos tiempos, quien en una reciente conferencia dijo que el Alcalde de Madrid era el líder español que mejor había sabido gestionar la reciente crisis.

Y añade la periodista que el éxito del regidor madrileño, “está enraizado en su experiencia de Dios, en su tono dialogante, alejado de la crispación”.

¡Es posible que la etapa Carmena haya pasado a la historia. No así ha ocurrido con las ideas que la llevaron a la alcaldía de la capital de España. Lo que ocurre es que nadie se esperaba que Martínez-Almeida, educado en Retamar, que después estudió la carrera de Derecho en Comillas, se convirtiera en la revelación política de estos tiempos.

Pero vayamos a lo que dice el joven alcalde, nacido en 1975, el pequeño de seis hermanos, en lo referente a la Iglesia al pie de calle, es decir, a las parroquias de Madrid, auténticos basamentos de la acción apostólica.

Señala Martínez-Almeida que “la acción de la Iglesia ha sido fundamental, como lo es en la vida ordinaria. Las parroquias siempre tienen contacto y conocimiento directo de lo que está pasando en los barrios. Sin pedir nada, sin pensar en los riesgos, han estado desde el primer momento presentes, anticipando medidas para la emergencia social que se estaba viniendo encima. Solo puedo darles las gracias”.

En tiempos en los que no son frecuentes los testimonios de políticos conservadores con acusada sensibilidad social, aquí tenemos el ejemplo del Alcalde de Madrid, capaz de hacer que todas las formaciones políticas firmen los Acuerdos de la Villa. Una especie de programa conjunto de recuperación de la capital de España, desde la cercanía a los ciudadanos.

Con demasiada frecuencia nos lamentamos de la ausencia de políticos que no tengan problema de confesarse católicos y de reconocer el papel de la Iglesia en la sociedad.

Pues bien, aquí tenemos uno que no pasa inadvertido, por su política de cercanía desde la cercanía. Por cierto, que recuerda mucho a Álvarez del Manzano. Otro gestor que fue privilegiado del bien común. 

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