Opinión

Lo que pasa en Madrid

Carlos Sánchez Mato
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Es un lugar común de la conversación ciudadana y cristiana, durante los últimos días, lo que ha pasado en las últimas elecciones en Madrid. La remontada electoral del PP, la movilización del centro derecha y la emergencia de VOX.

También la victoria de Carmena en el Ayuntamiento, -aunque no consiga ser alcaldesa de nuevo-, una cierta desmovilización de la izquierda, además de su división, y el triunfo en votos de los socialistas en la Comunidad, con un Gabilondo que oficia de equilibrado pensador que en sus discursos hacer referencia a conceptos de la ontología existencialista.

Y también es un lugar común que, en conversaciones varias, se hable de las causas de esa remontada y la relación con la labor de la Iglesia, del sujeto cristiano. De la Iglesia a pie de calle, es decir, las parroquias, los párrocos, los sacerdotes, los movimientos y realidades de Iglesia, y de la educación de inspiración católica.  

Es iluso pensar que hay una relación de causa y efecto en la recuperación del centro derecha y la participación del voto de los católicos de centro-derecha –al menos no tenemos datos estadísticos para comprobarlo-. Pero lo que sí está claro es que fenómenos como el de la aparición con fuerza de VOX, restando votos al PP, hay que relacionarlos con el voto más moralmente comprometido y del abandono por parte del PP de algunas políticas. También hay un fuerte voto católico de izquierdas, ahora muy potenciado desde determinadas instancias eclesiales.

No se trata de la emergencia de la ideologización de la fe por la derecha. Tan ideologizada puede estar la fe por la derecha como por la izquierda. Hasta el punto de que un candidato de la izquierda municipal se atrevió a decir, en vísperas electorales, que todo cristiano debía ser comunista. Un candidato municipal de izquierda, Karl Sánchez Mato,  muy conectado, por cierto, con determinados ambientes eclesiásticos y jerárquicos. ¿Se hubieran imaginado a un político de VOX diciendo que todos los católicos tenían que ser liberales o conservadores?

Es cierto que la sociedad madrileña ha evolucionado en su cambio de mentalidad hacia el proceso de la desvinculación tanto institucional como personal. Un proceso ligado al emotivismo moral y a la mutación ética individualista en la conformación de una nueva ciudadanía.

Pero lo que es innegable es que, hasta el presente, la presencia de la Iglesia real en la vida de los madrileños es mucho más activa de lo que parece, no solo por la continuidad histórica sino por el perfil de un clero y un laicado que, desde hace mucho tiempo, está dialogando a fondo con la modernidad y con las corrientes que se implantan. Miren, si no, los resultados en los ayuntamientos, o distritos, que tienen parroquias potentes, de las que todo el mundo habla.

Fenómenos como Hakuna, en el sector del apostolado juvenil, o la presencia de iniciativas como los retiros de Emaús, Effetá, Lifetime, Alpha, o en los barrios de inmigración la Asociación Juan XXIII, son síntomas de una vitalidad eclesial que está inmersa en el tejido social y que es capaz de ofrecer una respuesta adecuada a los problemas personales y comunitarios.  

Uno de los aspectos claves, en este proceso, es la educación, y las nuevas iniciativas de concertada y privada, con novedosos modelos, en el tejido de formación de las nuevas generaciones, como pueden ser los Edith Stein, Educatio Servanda, Fomento, además de la educación superior.

En Madrid, durante los últimos veinte años se ha implantado un modelo de eficaz libertad educativa que está teniendo su incidencia social.  Lo mismo ocurre con iniciativas similares en el ámbito de la cultura.

Al fin y al cabo, la presencia de la realidad del sujeto cristiano colectivo no depende de decisiones políticas verticales, sino de una vitalidad innata que trasciende la polarización ideológica y que está volcada en la experiencia de encuentro con Cristo. Incluso cuando las imágenes públicas y mediáticas, incluso intraeclesiales, estén lamentablemente sesgadas.  carlos 

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