Opinión

Larga “finezza” episcopal

Los cardenales Carlos Osoro y Juan José Omella.
photo_camera Los cardenales Carlos Osoro y Juan José Omella.

Cuando escribo estas líneas tenemos ya la cúpula de la Conferencia Episcopal. Es decir, Presidencia, Vicepresidencia y Comisión Ejecutiva. Un juego de equilibrios, reparto de fuerzas. Vayamos a desentrañar algunos aspectos de la lógica de esta elección, más allá de las efectistas dialécticas a las que nos tiene acostumbrada la dinámica de los medios.

Tal como había publicado Religión Confidencial, el nombramiento del cardenal Juan José Omella estaba cantado. Y por una mayoría más que holgada. Los obispos sabían que, para el cardenal Omella, esta era la única y última oportunidad. ¿De qué? ¿Por qué no concedérsela?

Es cierto que el cardenal Juan José Omella ha sido señalado por el Papa de forma muy destacada, Barcelona, el cardenalato, la Congregación de obispos, el Sacro Tribunal. Pero en la Conferencia Episcopal, en ocupación de primera línea, se podría decir que es un inédito. La oportunidad era, o ahora o nunca, por lo tanto, su última oportunidad. Y con el antecedente romano, con la complejidad del contexto interno eclesial, y externo político y social, con los errores gravísimos de los argumentos “ad personam”, los obispos han apostado por el cardenal Juan José Omella para demostrar algo. Quizá que su imagen, para determinados sectores, se corresponde con la realidad.

Sin duda que han apostado por no ir a la confrontación con el gobierno, por surfear en la cuestión de la configuración de Estado. ¿Pero acaso la metáfora del surfeo no es la que describe nuestra época?
Al fin y al cabo, si el Papa Francisco le ha dado al cardenal Omella todas las oportunidades, ¿por qué se las iba a negar la Plenaria de los obispos de forma tan mayoritaria? Es más, la edad de jubilación romana son ochenta años, para las Congregaciones. ¿Por qué no hacer que esa edad sea la que, en la práctica, rija para Omella?

¿Y si el candidato alternativo hubiera sido otro que no produzca en algunos un rechazo ad personam? ¿Y si los que planteaban un candidato alternativo se hubieran trabajado más a fondo algunos aspectos? Factores que también están presentes no en el fin de la historia sino en el proceso. Porque lo del cardenal Omella, queridos amigos, estaba cantado. Quien lo sabía, y no lo decía, se callaba
o…

El caso del cardenal Osoro es parecido. En primer lugar hay que tener en cuenta que el cardenal Osoro va a ser el primer arzobispo de Madrid que no llegue a la Presidencia de la Conferencia Episcopal. Y de lo que se trata siempre, entre obispos, es de no hacer sangre. Por lo tanto, una vez que sale de Presidente el otro cardenal del eje Madrid-Barcelona, Omella tira y pide a los suyos que se centren en el cardenal Osoro, que el día anterior había conseguido unos exiguos votos.

Por cierto, el arzobispo de Madrid, no debemos olvidarlo, vuelve a su lugar, diríamos, natural, la Vicepresidencia. De allí salió abruptamente en las pasadas elecciones. En la práctica, el cardenal Osoro, que también recibió el capelo del Papa Francisco, amplía su edad de jubilación. El tándem se cierra, el ciclo se alarga. Fin de esta historia.

Por cierto, si en las vísperas Osoro tuvo los mismos votos iniciales que otros candidatos, que después han entrado en el Ejecutivo, y día siguiente consigue, y no con terreno pindio, llegar a la Vicepresidencia, es porque además de que funcionan las cordadas, y muy bien en esta plenaria para ejercicios iniciales de un sector, los obispos son libres. Iba a decir, libérrimos. Y no iban a permitir que el cardenal Omella saliera al podium y el cardenal Osoro se quedara en el banquillo. Hombre, los obispos son unos señores y practican la “finezza”.

No debemos olvidar que, en términos políticos, -en la Iglesia no se hace política como se practica en el mundo-, se dice que lo que desgasta no es el gobierno, sino la oposición. El poder desgasta a quien no lo tiene. Aquí el Presidente y el Vicepresidente se van a tener que desgastar, sabiendo lo que viene
después porque vana influir en lo que viene después, sin duda.

Máxime, y vamos a la otra parte de la palanca, con una Comisión Ejecutiva que parece diseñada para ejercer el contrapeso. 4 y 4, Vieja guardia y savia nueva. Una Comisión Ejecutiva que apuesta por el día siguiente. Una Comisión en la que están destacados obispos que se han caracterizado por no estar de acuerdo con lo que plantaba ni la anterior presidencia ni comulgan con ruedas de molino. Además
de los nombres repescados del sondeo a la Presidencia, han incluido a monseñor Catalá, del que se habló también mucho, y a Gil Tamayo, que no olvidemos conoce tanto la Secretaría General como los Medios de la Conferencia -¿habrá algún mensaje oculto?- y la sorpresa de una cuña de la misma madera catalana, monseñor Saiz Meneses, que fue auxiliar de Barcelona con el cardenal Carles, toma
ya memoria histórica.

Pero lo curioso de la Comisión Ejecutiva, con la que la Presidencia tendrá que ejercer la comunión efectiva, no es solo los que han salido, el hecho de que pertenezcan a una nueva generación, sino los que no aparecen. Está claro, hay obispos, arzobispos, varios, y algún cardenal, a los que la Plenaria ha jubilado antes de tiempo. ¿Hace falta citar nombres? Insisto, en la Ejecutiva no hay, entre los nombrados, ningún arzobispo. Los mensajes de Roma no fluyen solo en una dirección.

Todavía falta mucho para analizar en su conjunto esta Plenaria. Pero lo que demuestran los obispos es que son finos, muy finos. Y libres, muy libres. Y eso hay que agradecérselo. Sobre todo si lo son, como lo de san Vicente de Lerins con la doctrina, en todo el mundo, en todo el tiempo, en todos los casos, en todos los temas, en toda las circunstancias…

Última hora. Primera Comisión, al de Educación y cultura. Clave en las relaciones con el gobierno por sus propuestas educativas, la Comisión más importante de la Conferencia ad extra. Alfonso Carrasco Rouco, sí, lean bien, el obispo de Lugo. ¿Seguimos en el contrapeso…?¿Y en algo más?

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