Opinión

La Iglesia católica y Felipe VI

Felipe VI.
photo_camera Felipe VI.

El detalle del rey Felipe VI de participar en el funeral, organizado por la Conferencia Episcopal Española, es un dato más de la adecuada comprensión que el monarca manifiesta constantemente hacia el hecho religioso en España, hacia la Iglesia católica y hacia el resto de confesiones, hacia la práctica religiosa de no pocos españoles.

Ahora que arrecia una campaña contra la monarquía, una campaña alentada desde el gobierno, lo que significa el colmo de la deslealtad, conviene que la Iglesia, y los católicos, vayamos pensando en dónde y con quién estamos.

Durante la Segunda República, en el seno del catolicismo social español, se produjo un interesante debate sobre la accidentalidad de las formas de gobierno. Es decir, sobre el papel de la monarquía en la arquitectura del sistema político y sobre qué actitud debían tomar los católicos. Ángel Herrera Oria y los suyos orientaron ese debate y lo decidieron, en cierta media, a través del diario “El Debate”. Por cierto, que en el episcopado de la Segunda República hubo de todo. 

¿Se va a producir, con el tiempo, la misma discusión en España, en el ámbito de lo católico?

Quizá no tengamos que irnos tan lejos. Quizá debamos quedarnos en el período de la Transición.  Recordemos algo de historia, para empezar. El 14 de julio de 1976, el rey don Juan Carlos envió a Roma al jefe de la Casa Civil, Nicolás de Cotoner y Cotoner, para que éste hiciera llegar personalmente a Pablo VI una carta en la que Su Majestad expresaba su decisión de renunciar al privilegio de presentación de obispos, derecho que auspiciaba la intervención en el nombramiento de los titulares de la sedes episcopales, motivo de conflicto con la Iglesia en años anteriores.

El cardenal Tarancón, en sus memorias, escribe: “He de confesar que, de momento, me extrañó el gesto del Rey. No encuentro otra explicación más que la de que don Juan Carlos ha querido apuntarse un tanto importante y decir que está dispuesto a tomar iniciativas”. Don Vicente Enrique y Tarancón recordaba, páginas atrás, lo que dijera a los Reyes en la comida que el día 3 de marzo tuvo con ellos: “Aunque la misión de la Iglesia no es la de apoyar a ningún régimen, sí es misión suya le procurara  la convivencia pacífica y el progreso ordenado de la sociedad”.

Como señaló el cardenal Rouco en el discurso de la visita de los Reyes a la sede de la Conferencia Episcopal, en noviembre de 2001, el rey don Juan Carlos, “sin alardes  ni ocultamiento”, ha sabido mantener lo católico de la Monarquía, con total respeto a la libertad de creencia de los ciudadanos y a la no confesionalidad del Estado.

El rey Felipe VI, también. Esperemos las palabras de quien sea ahora el nuevo Tarancón.

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