Opinión

Hacer caso a Franco

Carmen Calvo y el cardenal Parolin
photo_camera Carmen Calvo y el cardenal Parolin

De entre las muchas frases que se le atribuyen a Francisco Franco, sí, el generalísimo, el que está enterrado en el Valle, -como dicen los cercanos-, está aquella que le dijo creo que fue al director del periódico “Arriba”: “Usted, haga como yo, no se meta en política”. Por cierto, me suena que también se le atribuye dirigida a alguno de sus ministros.

Con este lío monumental de la exhumación-inhumación, he aprovechado para recuperar un libro de la estantería que puede ayudarnos a entender el trasfondo de mucho de lo que está ocurriendo o de lo que debiera ocurrir.

Es el volumen de don Luis Suárez Fernández “Franco y la Iglesia. Las relaciones con el Vaticano”, editado en 2011 por Homo Legens, y que a su vez es la síntesis de lo referido a este tema en la gran obra de Luis Suárez sobre Franco.

Pues bien. Lo mejor que ha podido hacer la Iglesia con la propuesta del gobierno de exhumar los restos del Caudillo es no meterse en política. Porque, al fin y al cabo, era una cuestión política.

Lo que ocurre es que a estas alturas de la polémica ya parece imposible no meterse en política. Es cierto que los principales interlocutores en el caso son el gobierno y la familia. Y también lo es que cada vez que pasa el tiempo, y alguien mueve ficha, la cuestión empeora.

Pero hay un aspecto del caso que debiera tenerse en cuenta. En la estrategia del gobierno de derivar la responsabilidad a la Iglesia, lo que están poniendo sobre la mesa es la cuestión de la libertad de la Iglesia.

Al fin y al cabo, va a llegar un momento en el que la Iglesia tenga que defender su libertad frente a un gobierno que caiga en la tentación de decirle a la Iglesia qué es lo que puede o no hacer en sus iglesias.  

Sorprende cómo, también en Estados Unidos, como nos acaba de demostrar Rod Dreher en su “Opción benedictina”, el principal problema al que se enfrentan los creyentes es el problema de libertad religiosa.

Parece una contradicción que esto ocurre en el paraíso de las libertades y en un mundo que se enorgullece de haber conquistado las libertades. Algo así como el camino del progreso de la historia.

Pues bien, la libertad religiosa depende, hoy en el mundo, de la fuerza de las comunidades religiosas. Por tanto, la libertad religiosa en España depende de la fuerza de la Iglesia y de los católicos.

El sociólogo Robert Nisbet, en al senda de Tocqueville, ha escrito no hace mucho que “a los déspotas, “nunca les preocupan las religiones que permanecen confinadas en silencio en el pensamiento de cada cual. Por el contrario, la religión como comunidad –o mejor dicho, como una pluralidad de comunidades- es lo que siempre ha incitado a los tiranos a tomar represalias”.

La libertad religiosa depende por tanto de la fuerza del sujeto religioso, de la fuerza del abrazo de las comunidades religiosas, de la fuerza de la presencia de las Iglesias. También en España.

Y esta es una causa en la que sí merece la pena meterse en política, para no hacer solo política.

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