Opinión

La exitosa Academia de Líderes Católicos

Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.
photo_camera Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.

El pasado 4 de marzo, el Papa Francisco se encontraba en Roma con una representación de los alumnos más destacados de la Academia de Líderes Católicos, una iniciativa de formación de jóvenes católicos que está haciendo furor en América Latina.

Llegaron a Roma avalados por la Pontificia Comisión para América Latina y, en su estancia en la Ciudad Eterna, no perdieron oportunidad para encontrarse con las personalidades más relevantes de la Iglesia del momento. Fecundo fue el diálogo con el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin.

Y a su vuelta de Roma, el Director General de esta original propuesta, José Antonio Rosas, hizo escala en dos ciudades españolas, Granada y Madrid. Dos plataformas complementarias de inminente aterrizaje en España de esta iniciativa. Madrid, puerta de Europa.

¿Qué es la Academia de Formación de Líderes Católicos? Es un programa interdisciplinar de formación de jóvenes, desde el bachillerato hasta la Universidad, con propuestas también para jóvenes profesionales, que está teniendo un notable éxito en los países en los que ya está implantado: Chile, Uruguay, Méjico, Honduras Nicaragua, Costa Rica, Colombia y Perú, con un programa del arzobispado de Arequipa.

Constituida como fundación por la Pontifica Universidad Católica de Chile, la Universidad Finis Terrae y la Universidad San Sebastián, arranca de la teología de Aparecida, del discurso de Benedicto XVI allí, y se articula en pleno pontificado del Papa Francisco.

Los ejes sobre los que se desarrolla esta propuesta de comunión plena con la Iglesia son la formación doctrinal, litúrgica y espiritual, el liderazgo con las más modernas técnicas, la formación en temas claves de la política, la interdisciplinariedad y el sentido profesional. Una iniciativa que no pertenece a ningún Movimiento, ni pretende el nacimiento de una nueva Acción Católica. Está abierta a personas de todas las realidades eclesiales. 

La finalidad es formar líderes católicos que puedan entrar en la política, en partidos de muy diversas sensibilidades, para romper con las dinámicas de silencio de la presencia pública y eficaz de la doctrina social de la Iglesia. Como les dijo el Papa Francisco en el encuentro que mantuvo con ellos en Roma, “los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico.

Quizá fue esta una primera intuición en el despertar de la Doctrina social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico.

En política es mejor tener una polifonía en política inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y neutralizante –y de yapa– quieta. No, no va”.

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