Opinión

La estrategia del demonio en España

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No soy de los que ven al demonio por todas partes. Todo lo contrario. Peco habitualmente de intelectualizar la fe, de racionalizar la fe, de no fijarme con detenimiento en la realidad de lo que Dios nos está diciendo en cada acontecimiento de la vida ordinaria.

Es más, estudié teología en una época en la que el demonio se ponía en duda, se discutía su naturaleza, se debatía incluso, y se negaba, su presencia y actuación en la Iglesia y en el mundo. Recuerdo como si fuera ayer una discusión con el profesor de Antiguo Testamento sobre si podía utilizarse el concepto de persona atribuida al diablo.

Pero recientes sucesos que afectan a la Iglesia en España me han hecho pensar por la presencia del demonio en la Iglesia y su influencia en el curso de la historia.

Quizá haya sido también la insistencia con la que el Papa Francisco ha hablado de este tema la que me ha hecho reflexionar sobre las formas que el demonio aparece, se aparece, se manifiesta a las personas, influye en ellas, según el libro del Apocalipsis.

De hecho, esta conversación la tuve hace pocos días con un sacerdote que ha dedicado no poco de su tiempo último a los exorcismos. Un santo párroco. Sacerdote de la diócesis de Madrid, para más datos.

Convenimos en que el demonio se presenta tras cinco actitudes: como un seductor, como un acusador, como quien divide, como un mentiroso y como homicida. Es decir, hagamos ahora el esfuerzo de distinguir, discernir, lo que procede de Dios y lo que procede del demonio.

Cuando nos encontramos con mentiras por sistema; con personas que acusan sistemáticamente a los otros, incluso como forma de eximir o evitar su responsabilidad; con quienes dicen y hacen para conseguir como fruto la división por la división; con quienes tienen formas seductoras, es decir, trabajan sobre la apariencia con estrategias de disuasión, de carisma incluso; con quienes con sus palabras o actuaciones matan la fama, el cuerpo, la imagen o el alma de otros, debemos plantearnos, entonces, de qué espíritu proceden esas actuaciones. En los otros y también en nosotros.  

Ya nos advirtió el Papa Francisco, a través de su portavoz, el pasado 29 de septiembre de 2018 acerca de las estrategias actuales del demonio dentro de la Iglesia y de la necesidad de rezar, rezar constantemente, para “pedir a santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del diablo, que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros”.

Y añadió: “La oración –afirmó el Pontífice hace pocos días, el 11 de septiembre, en una homilía en Santa Marta, citando el primer capítulo del Libro de Job– es el arma contra el gran acusador que "vaga por el mundo en busca de acusaciones". Solo la oración puede derrotarlo”.

Pues eso…

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