Opinión

El Papa y la Curia en Navidad

Discruso del Papa a la Curia Romana.
photo_camera Discruso del Papa a la Curia Romana.

No sé que tiene la curia vaticana que con frecuencia deja a casi todo el mundo insatisfecho. Otrora se responsabilizaba a la burocracia, al excesivo italianismo, a las miserias de lo humano. 

Recuerdo que cuando llegué al Vaticano, una persona que llevaba allí muchos años me dijo aquello de que “donde más presente está Dios, más quiere estar el diablo”.

Por cierto, ecos de la Curia vaticana existen, a pequeña escala, en los más recónditos lugares del mundo. Aquí cerca y allá lejos. Con las consabidas patologías añadidas de no ser el modelo auténtico, las curias diocesanas se parecen demasiado a la vaticana, y ojalá fuera en lo bueno.

El pasado discurso del Papa a la Curia, a los cardenales, se ha focalizado en ese movimiento final en el que el Papa Francisco cita al icónico cardenal Martini, los doscientos años de retardo, por ser finos.
Por cierto que el cardenal Martini, de quien creo he leído casi todos sus libros, escribió mucho, y habló mucho. Y no todo está afirmado en el mismo plano de la argumentación, ni tiene, lógicamente, el mismo valor, entre otras razones porque lo dijo en un contexto y sobre un tema determinado.

Lo que no negará el Papa Francisco, porque lo ha afirmado en reiteradas ocasiones, es que desde hace doscientos años hasta hoy la Iglesia católica ha celebrado un Concilio que sincronizó los relojes internos y externos. Un Concilio que llevó al cuerpo eclesial a una mirada hacia adentro y hacia el mundo que supuso un auténtico levante del Espíritu y un aliento insondable del que aún somos herederos.

Pero lo que ha pasado inadvertido del discurso del Papa Francisco es la continuidad que establecía entre los pontificados anteriores y el actual. Una continuidad en torno a la misión y a las formulaciones básicas que han hecho posible la forma histórica de la misión.

Por ejemplo, el papa Francisco no marca distancias del concepto de Nueva Evangelización del papa san Juan Pablo II. Al contrario, retoma y reformula esa propuesta que tanto bien ha traído a la Iglesia. “Es necesaria una nueva evangelización, o reevangelización”, ha dicho el Papa.

Lo que está claro es que para entender adecuadamente lo que dice el Papa Francisco debemos mirar más allá de sus palabras. Debemos fijarnos en los retos a los que se enfrenta la conciencia cristiana, los profundos cambios antropológicos a los que se refiere el Papa.

Al fin y al cabo, las estructuras son importantes, pero no son lo más importante. Lo relevante es el espíritu que nace del encuentro con Cristo, en estos días niño, pobre, humilde, sencillo.

Como dice un amigo mío, que el Niño Jesús nos done una mirada inocente y pura en estos tiempos revueltos.

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