Opinión

El discurso de odio

Aumentan las agresiones a mujeres musulmanas.
photo_camera Aumentan las agresiones a mujeres musulmanas.

En el incomparable marco del Monasterio de Yuste se ha celebrado un Seminario sobre la prevención y lucha contra la radicalización y el discurso de odio y el delito de odio.

Bien merece la pena que no pase inadvertido. Organizado por la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, el catedrático Jaime Rossell ha convocado a los mayores expertos académicos, judiciales y políticos que hay en España en esta materia.

Dos han sido los ejes principales del curso. La idea de que el discurso de odio cada vez está más presente en la sociedad y el papel que las redes sociales y los nuevos medios están jugando en la proliferación del discurso de odio. Como dijo hace ya tiempo el obispo de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, “si la blasfemia es libertad de expresión; entonces, la corrupción es economía de
mercado”.

El reverso de la libertad de expresión es el discurso del odio, traducción del término anglosajón “hate speech” que ha hecho fortuna, pero que quizás no sea muy acertada, porque en el odio no hay argumentación ni discurso y, si lo hay, es simplemente aparente.

“Hate speech” es cualquier forma de expresión cuya finalidad es propagar, incitar, promover o justificar el odio basado en la intolerancia. El odio es una constante vital que se explica dentro de nosotros mismos y que constituye una importante clave narrativa de la Historia de la Humanidad.

Aunque, como ha advertido André GLUCKSMANN, más que el odio en sí, es la resistencia al odio la
que ha sido el gran motor de la Historia.

“Yo describiría nuestra época actual como la era de la irreverencia”. Esta afirmación, aplicada por Steiner a la enseñanza y los modelos sociales, puede extenderse también a nuestra cuestión.

El discurso de odio, es decir, cualquier forma de expresión que propague, incite, promueva o justifique el odio basado en la intolerancia, ya sea contra determinadas religiones, razas o etnias, grupos de inmigrantes, mujeres, personas con discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social, debe
considerarse un límite al ejercicio de la libertad de expresión, directamente exigido
por los principios de dignidad, igualdad y no discriminación.

Una idea última. Se incrementan más en la sociedad española los delitos de odio por razón de creencia –Islam y cristianismo- y orientación sexual. Ha aparecido un nuevo discurso de odio contra las personas que padecen pobreza, aporafobia. Pero no parece que se aborden de forma equiparada, ni se estudien, ni intervienen de forma también equiparada.

Comentarios
Somos ECD
Periodismo libre, valiente, independiente, indispensable