Opinión

Don Ginés y la ley Celaá

Monseñor Ginés García Beltrán.
photo_camera Monseñor Ginés García Beltrán.

Hábil, acertado y rápido ha estado el obispo de Getafe, miembro del antes llamado Comité Ejecutivo, et alii, monseñor Ginés Ramón García Beltrán –todo con tilde-, a la hora de poner el dedo en la llaga sobre lo que está pasando con el proyecto de ley Celaá, la que se decía era la ministra católica del Gobierno, cosa que ni niego, ni puedo negar.

Es curioso porque este obispo, también se podría decir madrileño –de la Provincia Eclesiástica matritense y del territorio de la Comunidad autónoma de Madrid-, y esta diócesis llevan la delantera, con mucho, en la defensa de los derechos de los padres y en la defensa de una comprensión integral de la educación católica al servicio de la sociedad. 

En gran media es trabajo de su Delegación de Enseñanza, que es capaz de arrastrar a otras delegaciones diocesanas de España tras sus actividades. Por ejemplo, las campañas en las redes, la movilización social.

Y esto no es fruto de un proyecto ideológico, sino de la realidad de una vida educativa en Getafe que, desde hace muchos años, ha acogido a sectores eclesiales diversos, complementarios, que han dedicado muchos recursos a la educación. En este sentido Getafe sigue siendo un paraíso de integración eclesial, de comunión efectiva acogedora.

No sé si don Ginés ha llevado este tema al Ejecutivo, a la Comisión y a los comisionados, que no comisarios. No se si hará posible que el Ejecutivo, u organismo competente, diga algo más. Lo que sé es que, como han podido comprobar nuestros lectores, lo que ha dicho es clave.

Gloso. Ni por el momento en el que nos encontramos, ni por la naturaleza de lo que se trata, una ley de educación que afecta decisivamente al desarrollo integral de las personas y al futuro de la sociedad, ni por las formas, cómo se está tramitando, la ministra Celaá está siendo ejemplar, por decirlo sin acritud. Falta de trasparencia, inoportunidad, nocturnidad, alevosía, nula voluntad de acuerdos… podemos seguir, pero no hace falta.

¿Qué más va a hacer la Iglesia públicamente en una cuestión medular, que toca de lleno muchos aspectos de su misión hoy en la sociedad?

Depende, una vez más. Si es que cada vez hay que ser más gallego. 

  

                     

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