Opinión

Don Ginés, Galdón y el lío mediático

Monseñor Ginés García Beltrán.
photo_camera Monseñor Ginés García Beltrán.

No soy partidario de aburrir a los lectores con los temas de los periodistas, que suelen discurrir entre fratricidas guerras y demonios familiares. Sin embargo, acabo de regresar de la presentación del libro “Infoética. El periodismo liberado de lo políticamente correcto” de mi amigo y compañero Gabriel Galdón. Tuvimos la oportunidad de escuchar al autor, y también al obispo de Getafe y presidente de la Comisión de Medios, de la CEE, monseñor Ginés Beltrán.

Galdón ha escrito un libro que es un paso más de su “Desinformación. Métodos y aspectos”, un clásico de una forma de hacer periodismo que rompe con los esquemas habituales de la práctica profesional. Nuestro autor es lo más parecido al Quijote que conozco, quizá por eso que le decía el Ingenioso Hidalgo a Sancho: “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, es justicia”.

Pero vayamos a la intervención de don Ginés. Pensada, escrita y trabajada. Sobre el libro y sobre el contexto mediático, también eclesial, que vivimos. Algunas de sus frases, al compás de la lectura del libro, bien dichas, con la inteligencia de llamar a las cosas por su nombre, fueron una interpelación a la conciencia de los periodistas presentes.

“No somos poseedores de la verdad, sino sus servidores”. “La propuesta cristiana debe ser clara y caritativa”, y sobre todo una que me llamó especialmente la atención referida a los medios católicos: “No competimos entre nosotros con nadie”, que era como decir que por qué competimos entre nosotros cuando el reto está en otro sitio.

Por cierto que también lanzó un amable y duro cuestionamiento a las once Facultades Católicas de Comunicación que hay en España –ningún país de Europa tiene once Facultades de comunicación católicas-.

Llevamos varias semanas leyendo y escuchando algunas peregrinas teorías sobre los medios católicos, basadas en viejos e imaginados fantasmas de modelos ideológicos, en proyecciones y esquematismos reductivos que no hacen más que echar leña al fuego. La tensión se palpa. Y como suele ocurrir, no solo hay medios y mediadores interesados en tensar la cuerda, también otros protagonistas en otras instancias.

Cada vez me inquieta más el adjetivo de católico, o de cristiano, o de papista, si me apuran. Y cada vez me pregunto más si Ángel Herrera, cuando decía aquello de que un periódico católico, lo primero que tiene que ser es periódico, y después católico, en plena pugna entre católicos, no estaría diciendo algo que hoy tiene plena vigencia. Medios, ni católicos ni no católicos, que cumplan profesionalmente
su función de manera ejemplar.

Lo mismo podría decir de quienes sacan pecho o se pegan la insignia ser periodistas católicos, que enarbolan el adjetivo, en la práctica, contra el sustantivo. Y no digamos nada de los moralistas que dan lecciones sobre lo humano y lo divino. Y lo digo porque esta cuestión pertenece a mi frecuente examen de conciencia.

Otra cuestión. En España también se están rompiendo los pactos implícitos entre prensa y sociedad, prensa y política. Forma parte de ese clima de ruptura generalizada en el que vivimos. Lo que no sé, aunque sospecho, es que también se están rompiendo los pactos entre prensa e Iglesia, incluso entre prensa sobre temas de Iglesia e Iglesia. Y no digamos nada los referidos a las relaciones entre prensa e instituciones de Iglesia.

En fin, que habrá que seguir conversando con don Ginés, porque merece la pena su enfoque de obispo, pastor, de este complejo mundillo. Un obispo de un generación viniente, renovada.

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