Opinión

El discurso del cardenal Ricardo Blázquez

El cardenal Ricardo Blázquez
photo_camera El cardenal Ricardo Blázquez

Tengo que aclarar que cuando escribo estas líneas aún no se ha pronunciado el discurso inaugural del cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española. Un texto que suele centrar la atención de los medios en el primer día de trabajo de la calle Añastro. Siempre y cuando no haya alguna noticia que tape esta información.

En la historia de la Conferencia, hay dos modelos principales de discursos inaugurales.

Al principio, los textos eran monotemáticos, con una reflexión de fondo sobre una cuestión, digamos, teológica, interna. Monseñor Elías Yanes fue el ejemplo de este modelo de discursos primeros de Plenaria.

El otro modelo es el que se basa en las cuestiones de actualidad, tanto internas de la Iglesia como de la sociedad, de España. Aquí destacaron tanto el cardenal Tarancón como el cardenal Rouco Varela.

Es cierto que se puede dar un híbrido entre las dos formas, que representaría el cardenal Ricardo Blázquez.

¿Sobre qué versará el discurso del presidente de la Asamblea Episcopal? Sin lugar a dudas sobre el reciente Sínodo de los jóvenes celebrado en Roma, al que asistió don Ricardo en representación de los obispos españoles.

Pero en esta ocasión será difícil que el cardenal Blázquez obvie algunas cuestiones que afectan tanto a la presencia e imagen de la Iglesia como a su libertad de misión en la sociedad.

El cardenal Blázquez sabe que el clima social, y de la opinión pública, está determinado por la agenda de los medios. Y en este caso, la agenda apunta a la pederastia. Máxime cuando hay un periódico empeñado en una campaña de algo más que purificación interna y externa de la Iglesia. Y las noticias recientes colocan esta cuestión en primer plano del comentario público.

Respecto a la política, el cardenal Blázquez es el adalid de la defensa de la Transición. En nuestros días se está imponiendo, también desde el gobierno, una narrativa revisionista sobre ese periodo que no encaja con la versión de la Iglesia. Versión que, por cierto, nace de la verdad histórica y no de la ideología falsaria, reduccionista y manipuladora que algunos quieren imponer.

Por tanto, no sería descabellado que el cardenal Blázquez se refiriera –hablando incluso de la canonización de san Pablo VI, una personalidad que no puede obviar en ese discurso-, a la Transición en el contexto de la referencia a la Constitución española, ámbito imprescindible  para las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno.

Y aquí hay que introducir la cuestión de Franco, que preocupa y mucho a los obispos en general por las implicaciones sociales que tiene, no solo en la opinión pública sino en las relaciones con el Ejecutivo. Evidentemente que no hará referencia a ella, entre otras razones porque está en manos del arzobispo de Madrid. Pero no podrá obviar ese trasfondo.  

En fin, que además de agradecer el trabajo de monseñor José María Gil, y de diseñar el perfil de un Secretario General de la Conferencia, la expectativa ante el discurso del cardenal Blázquez no es pequeña.

Seguro que no defraudará, ni al público ni a la crítica.

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