Opinión

Comienza la batalla educativa

Isabel Celaá, ministra de Educación.
photo_camera Isabel Celaá, ministra de Educación.

La noticia de la suspensión del festival educativo “Ven y verás” ha producido una profunda desazón en no pocas personas. No solo por lo genial de la idea originaria de la delegación de educación de la diócesis de Getafe –una diócesis puntera hoy en España en muchos ámbitos-, sino por la frescura de la propuesta y la originalidad bien articulada. Tenía todas las claves de un éxito seguro en cuanto a participación y expresión de la alegría cristiana. Una fiesta de la vocación educadora.

Por más que nos empeñemos en lo contrario, la necesidad de símbolos sociales públicos de vocación y misión de la educación católica en nuestra sociedad es hoy una prioridad. Si, como parece, han sido los criterios de oportunidad política los que han frustrado la iniciativa, es un primer mal síntoma de cómo se va afrontar la inminente batalla educativa que nos espera. Como decía Chesterton, “un verdadero soldado no lucha porque tenga algo que odia delante de él; lucha porque tiene algo que ama detrás”.

Además, hay una contradicción interna en la argumentación. No se quiere que el acto se entienda como una manifestación de fuerza política, en clave política, y se suspende por un criterio de prevención ante una reacción a una visión política del acto, que no es la que está en su naturaleza. ¿O por qué si no? 

No nos engañemos. Es un lugar común que la ley educativa que está en el “congelador”, y que suponemos se pondrá en marcha en cuanto se constituya el nuevo gobierno, va en la línea de disminuir libertad de educación ahogándola poco
a poco en sus distintos aspectos (clases de religión, colegios concertados, educación especial...).

¿Qué vamos a hacer? ¿Qué hay que hacer para preservar el ejercicio de la libertad educativa? Hay quien señala que ya se está trabajando por las terminales ideológicas socialistas en lo que ha ocurrido con el gobierno de izquierdas de Portugal. Ya se pueden imaginar dónde concluye esta historia de recortes en educación: reducción de aulas en los modelos alternativos…

Hay que ser conscientes que la educación católica se juega mucho en este periodo que viene. Pero también que una forma inadecuada de respuesta, un equivocado buenísimo o voluntarismo, una confianza excesiva en que el gobierno va a cambiar su agenda –en la que aquí coincide con la izquierda radical- coloca la libertad educativa en una situación histórica extrema.

Por cierto que la iniciativa de la Asociación Católica de Propagandistas con la campaña en pro de la libertad de enseñanza, #yolibre, puede jugar un importante papel en la concienciación y, esperemos, en la movilización. No sé por qué, cuando escribía esto, me he acordado del discurso de Churchill en el Parlamento británico el 5 de octubre de 1938.

“La hora de la verdad –decía- no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos. (…) Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra”.

 
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