Opinión

Austen Ivereigh y la cumbre anti-pederastia

Austen Ivereigh.
photo_camera Austen Ivereigh.

Conversar con Austen Ivereigh, que según Massimo Borghesi es el más completo biógrafo del Papa Francisco, siempre es una delicia. Como buen periodista e historiador está en conexión directa con la fuente misma y con las fuentes mismas. Su visión general de la Iglesia, más su permanente inquietud en todos los órdenes de la vida, le convierten en una de las personas más interesantes de este momento.

Este contexto ratifica el valor de su conferencia en el reciente Congreso de Católicos de Puerto Rico, organizado por esa entrañable Pontifica Universidad Católica. Una intervención que bien pudiera ser una de las interpretaciones más “canónicas” del pontificado.

Su ponencia se centró en el Pueblo de Dios como fuente de renovación de la Iglesia, aplicada la teoría a la lucha contra la pederastia, es decir, los abusos, sexuales, de poder y de conciencia. Además de ofrecer una serie de interesantes datos de contexto, su interpretación fue al fondo de la cuestión.

Ivereigh dejó claro que “para enfrentarse a una crisis de credibilidad que atañe a la vida y la misión de la Iglesia misma, el papa no ha dictado normas y leyes, sino que ha convocado una asamblea sinodal”.

Un proceso que tiene tres elementos. Primero, “ha pedido –insistió el biógrafo del Papa- que los obispos lleguen a Roma después de escuchar al Pueblo de Dios, según un principio caro al primer milenio de la Iglesia,  Quod omnes tangit ab omnibus tractari debet, “lo que afecta a todos debe ser discutido por todos”. Segundo, pedirá que los obispos hablen con parrhesia, con honestidad y audacia, y que escuchen atentamente, con corazón abierto, unos a otros, para discernir qué es lo que les está interpelando el ES. Tercero, al final se oirá la voz del papa, que ha presidido la asamblea, y cuyo papel es identificar la voz del Espíritu Santo, sobre todo cuando hay consenso, una paz verdadera, y otros signos de su presencia”.

En este sentido se puede afirmar que la Iglesia que enseña es la Iglesia que escucha. La Iglesia no vive para sí misma, sino al servicio de la humanidad.

“Por eso- concluyó Austen Ivereigh-, es importante el discurso del Papa del 17 de octubre de 2015 sobre la sinodalidad, en que habla de su convicción de que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Y en el que al final añadió: “Una Iglesia sinodal es como un emblema levantado entre las naciones (cfr. Is 11, 12), en un mundo que – aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la administración de la cosa pública – a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder.”

Hace falta, por tanto, un camino sinodal del pueblo de Dios, “en el cual la Iglesia puede aprender a ejercer otra forma de poder: no potestas, sino potentia, ministerium”, concluyó su conferencia.

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