Opinión

Las armas del arzobispo castrense

Monseñor Juan del Río, arzobispo castrense.
photo_camera Monseñor Juan del Río, arzobispo castrense.

Hay quien, en la historia, se preguntó cuántas divisiones tenía el Papa. Nosotros podemos hacerlo sobre cuáles son las armas del arzobispo castrense. Armas que despliega y sabe desplegar.

Evidentemente, las mismas que las que cualquier obispo. Pero de forma singular, las de la presencia significada del obispo castrense allí dónde están sus fieles, en el territorio de las misiones encomendadas, que cada vez son más globales ante las amenazas también globales.

 Una presencia que toma forma a través de la palabra. Una palabra oportuna, pensada, que no escapa de la realidad, ni esconde la realidad, clara, como ejercicio de cortesía, que siembra la paz interior y exterior, que llama al diálogo y a la concordia, que deja un poso de esperanza.

Al fin y al cabo, la palabra de padre y pastor, para los sacerdotes de ese peculiar cuerpo de ministerio y servicio, y para sus fieles, aquellos hombres y mujeres que prestan un singular servicio en la defensa de la dignidad de las personas, en la seguridad de la vida y el orden, y en la resolución de conflictos.

Pues hete aquí que monseñor Juan del Río, arzobispo castrense de España, capellán máximo de la Casa Real, acaba de sacar a la calle un libro bajo el periodístico título de “Nuevos apuntes para la vida”, en el que se recopilan algunas de sus principales textos pastorales de los años 2006 al 2018. escritos breves al hilo de los trabajos y los días sobre lo divino y lo humano, por eso de que nada de lo humano le es ajeno a la Iglesia experta en humanidad.

Don Juan del Río se caracteriza por no tener miedo a los retos que impone la historia. En su peculiar Iglesia de atención personal ha sabido abrir horizontes de vida espiritual, de caridad y de fe bien formada.

Es cierto que su ministerio episcopal está destinado a una feligresía que puede dar la imagen de homogénea, pero que es tan heterogénea como la sociedad. Una feligresía que ha comprometido su vida en el servicio a los españoles de todas las tierras, con lo que entiende de forma especial el lenguaje de la coherencia entre ideales y vida, entre vida y responsabilidad en favor de los otros.

Estos Apuntes, que abordan los temas más dispares, están ordenados en tres grandes bloques: Vida cristiana, Año litúrgico y Jornadas eclesiales, e Iglesia y sociedad. Cuentan con un llamativo prologuista, y están cargados de un aliento que quizá solo es posible para quien sepa pasar por la vida, incluso de la Iglesia, con gracia algo más que de estado y habitual.     

Enhorabuena a don Juan y a toda la familia castrense por este libro, referencia y referente de una presencia que ha dicho, dice y tiene mucho que decir, y de una significada forma de pastorear.

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