Opinión

Aportación clave para el Sínodo de la Amazonia

Cardenal Marc Ouellet.  (Vatican Media)
photo_camera Cardenal Marc Ouellet. (Vatican Media)

El próximo domingo arrancará la Asamblea especial del Sínodo de los obispos para la región Panamazónica, vulgo Sínodo de la Amazonia. Por cierto, con escasa presencia española en los diversos niveles de participación. No sé, quizá no tengamos nada que ver con esa zona del planeta.

Sin pretender jugar a ser profeta, los temas que se van a tratar en el Sínodo, al menos para la percepción pública, están siendo fagocitados por la cuestión de los “viri probati”, que no es solo la cuestión del celibato, sino que afecta a la comprensión del ministerio y, digámoslo así, a la arquitectura sacramental de la Iglesia, al menos en las mentes que propugnan los cambios.

Más allá de las descalificaciones por sistema, de las negaciones de la mayor, que se han escuchado, llamo la atención sobre lo que va a ser noticia en estos días: la presentación del libro del Prefecto de la Congregación de Obispos, cardenal Marc Ouellet, en defensa del celibato sacerdotal.

“Sacerdotes, amigos del esposo. Para una visión renovada del celibato” es su título y está editado por Encuentro. Un denso tratado de teología y de historia en defensa del celibato sacerdotal. Con una larga introducción, una nada desdeñable carga de fondo teológica, sobre lo que no debe convertirse el Sínodo de la Amazonia. 

Apunto un par de ideas porque de este libro habrá que hablar más a fondo. La primera, el cardenal Ouellet pone en duda determinadas concepciones del argumento de la inculturación, tal y como se están proponiendo en los previos del Sínodo. “Buscar caminos nuevos, escribe, para la evangelización de los autóctonos de la Amazonia significa superar un enfoque que sería insuficiente si solo
contemplase las cosmovisiones amazónicas, en un esfuerzo de síntesis intercultural que corre el riesgo de ser artificial y sincretista”.

El cardenal Ouellet advierte de que las consideraciones que hace sobre el Sínodo “no tiene en absoluto la intención de frenar el impulso y la creatividad del Sínodo para la Amazonia que propone con toda razón una búsqueda audaz de nuevos caminos de inculturación y presencia misionera”.

Pero hay que tener en cuenta que “el objetivo de este sínodo no puede limitarse a este espacio geográfico, debe integrar la singularidad planetaria de la Amazonia en una búsqueda antropológica adecuada, iniciada por san Juan Pablo II y que responde a la cultura de la muerte que se ha apoderado ahora del planeta en el ámbito ético, medioambiental, cultural y geopolítico”.

Y añade: “La misión de la Amazonia no puede progresar sobre una base de eslóganes más o menos ideológicos, apoyados en consideraciones válidas pero secundarias respecto al objetivo esencial de la evangelización: dar a Cristo”. Y “la hora presente de la Iglesia en “salida” no sacará nada reduciendo las exigencias del sacerdocio en nombre de imperativos culturales o pastorales regionales, a fin de
garantizar los supuesto servicios esenciales que no son, o ya no son reconocidos como tales en los países de origen de los misioneros”. Se puede decir más alto, pero no más claro.

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