Opinión

El altar de Fray Santiago Cantera

Santiago Cantera.
photo_camera Santiago Cantera.

He dejado pasar unos días para escribir sobre fray Santiago Cantera. Sobre todo para poder analizar con cierta distancia la imagen que de este benedictino ha quedado en los medios y en la opinión pública. No se trata de escribir en defensa del amigo. Detesto el periodismo que trabaja a sueldo de los amigos y de los enemigos. Por cierto, tan frecuente en el ámbito de lo religioso. Les podría poner unas cuantos ejemplos muy recientes, pero nos desviaríamos del tema. 

Lo que no voy a esconder es mi relación, de antiguo, con Santiago, que por cierto se perdió en el curso de la historia, cuando se fue al monasterio. Desde entonces, para que quede claro, no he vuelto a hablar con él.
Me van a permitir que traiga a colación una anécdota. Cuando Santiago, Fray Santiago, se hizo miembro de la Asociación Católica de Propagandistas, con él entramos una generación de jóvenes a la sombra del que hoy es presidente, Alfonso Bullón de Mendoza, y bajo el liderazgo del recordado Alfonso Coronel de
Palma. No voy a citar nombres, pero ahí están incluso en cargos de ámbitos sensibles de la asociación hoy.

Un día, mi siempre recordado maestro Teófilo González Vila, paseando por la calle Princesa, me dijo: “Muy mal andamos en la Asociación. Si lo nuestro es la vocación a la Vida Pública, resulta que los nuevos que entran se van a la vida monástica”. Se estaba refiriendo, lógicamente, a Santiago Cantera.

La mañana informativa de la exhumación de Franco fue un auténtico despropósito para la historia, por tanto, para la verdad. TVE no hacía más que repetir que el Prior del Valle era falangista y no prior, y no se sabía si estaba ahí por prior o por falangista. Más los tópicos de siempre, que si Franco y la Iglesia y la Iglesia y Franco. Esto por una lado.

Para otros, Fray Santiago se ha convertido en el mártir que ha salvado la dignidad de la Iglesia. Aparecer como uno más de la familia ha potenciado esa percepción.

Ahora está la cuestión del futuro del Valle, de la comunidad, el futuro de la cruz. La ministra Calvo, que ha hecho un máster acelerado en relaciones Iglesia-Estado, aunque no sé si va a pasar el tribunal del trabajo fin de máster, ya ha advertido que no van a dejar en paz a la Basílica. Ah, y no digamos Félix Bolaños, que ha conseguido, al final, que algunos en la Iglesia trabajen para su estrategia, un genio sin duda.

Convendría que la sociedad española, y la política, le dieran a la comunidad de la Basílica del Valle la oportunidad de ser comunidad de reconciliación, lo que siempre ha querido ser y para lo que estaba allí. Sin Franco, y, probablemente sin José Antonio, con los vivos y con los muertos.

Hacer posible que la comunidad sea símbolo de lo absoluto de la primacía de Dios sobre la coyuntura de la historia, resplandezca en su esplendor, que es mucho. Por cierto que pocos hablan de las nuevas vocaciones que acaban de recibir en una comunidad de la que, por cierto, nadie ha dicho nada sobre otros tipos de
escándalos por desgracia frecuentes en otros parajes.

Habría que dejar tranquilos a los Benedictinos del Valle para que la paz llegue a los vivos, y no solo a los muertos. Permitir que Fray Santiago se inmole en el silencio y a la sombra del altar de Dios, al Dios que es su alegría. El altar en el que preside diariamente el sacrificio de la cruz.

Me parece que no va a ser posible. No hay señales positivas, al menos en el entorno de Bolaños y sus largas manos… Quizá haya que esperar al 10 de noviembre para ver lo que pasa de momento.
Fray Santiago saldrá tarde o temprano de la Basílica del Valle, en silencio, destinado a otro claustro. La Comunidad, una noche, será sustituida por otra. Sin hacer ruido, sin que se sepa. Incluso ya tengo un nombre para la nueva presencia de la Iglesia… Nacida en la Italia no fascista, por cierto.
Otro tema para la sesión reservada de la inminente Asamblea Plenaria.

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