Opinión

El “servicio” de la Iglesia

La Iglesia Católica en nuestro país ha presentado la “Memoria anual de actividades”, correspondiente al año 2015.

En las páginas del informe queda clara constancia de las aportaciones personales, de las limosnas, de las colectas realizadas voluntariamente entre los fieles; y a la vez, de las asignaciones del IRPF, que recibe también por libre voluntad de los ciudadanos.

¿En qué emplea la Iglesia Católica esos recursos?

Además de sostener en pie la propia actividad de la Iglesia, esos fondos mantienen en vida una serie de iniciativas promovidas por organismos dependientes de la Conferencia Episcopal, que repercuten directamente en el servicio a personas necesitadas dentro de la sociedad. Hospitales, colegios, escuelas; comedores sociales, atención de inmigrantes, de enfermos que viven en soledad, etc. etc. La lista es grande y verdaderamente digna de consideración, y el número de las personas que se benefician de esa atención superan los 7.000.000.

También se señala el impacto positivo en el PIB del patrimonio cultural que cuida la Iglesia, especialmente templos, grandes santuarios, monasterios; y especialmente la celebración de señaladas fiestas religiosas: Semana, Santa, Corpus Christi, Navidad, etc. etc.

Aparte del informe, no han faltado personas que han recordado la importancia del estudio de la religión para llegar a entender la historia de nuestro país, además de para situar culturalmente a los alumnos, señalando, por ejemplo, que sin esa historia no podrían aprehender la grandeza de un cuadro, o el significado cultural profundo de una catedral.

Es cierto que la fe palpita en los cuadros de tantos artistas que han conseguido expresar en una realidad visible, la realidad invivible del amor de Dios, de la Divinidad de Cristo. Bastaría recordar, entre otros a Murillo, Giotto, Fra Angelico, el Greco, Velázquez.

Señalar estos aspectos de la actividad del servicio de la Iglesia a la sociedad es una invitación para poner de relieve el verdadero servicio que la Iglesia ofrece a todos los hombres; servicio, además que lleva a cabo porque la Iglesia es muy consciente de que esa labor es la misión recibida de Cristo, es el sentido de su existencia; para eso ha sido fundada por el mismo Cristo.

Algunos de esos grandes servicios son:

-Recordar al hombre su origen en Dios. El hombre no es fruto del azar, ni el resultado de una evolución más o menos ciega, y predeterminada en todos sus detalles. Dios, Creador y Padre, que lo ama paternalmente, lo ha creado por Amor, y para amar.

-Recordar al hombre que, en uso de su libertad, uno de los dones con los que Dios le ha enriquecido, se ha apartado de su creador, y ha pecado contra Dios, y contra él mismo.

-Recordar la presencia de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, en el mundo. Cristo se encarnó para manifestar al hombre el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y con su Amor, nos ofrece la Salvación de nuestras miserias y de nuestros pecados. Cristo tiene hambre de perdonar a todos los pecadores –y todos lo somos-; sólo espera nuestro arrepentimiento y que nos acerquemos a pedir perdón, y reconciliarnos así con Dios.

-Recordar que para llevar a cabo en cada ser humano esos designios salvadores de Dios, Cristo fundó la Iglesia y le dejo en herencia eterna los siete Sacramentos.

-Recordar la realidad sacrosanta de la Familia, hombre y mujer unidos de por vida en un unión indisoluble: el matrimonio.

-Recordar la dignidad inviolable de la vida humana desde el momento de su concepción hasta su último suspiro. Ningún hombre, ni mujer, tienen el derecho de matar una vida humana creada por Dios.

-Recordar al hombre el sentido de su vivir en la tierra: conocer y amar a Dios, y con Dios, amar a todos sus semejantes con el corazón de Cristo.:

-Recordar la vida eterna. El hombre no termina su andar en la muerte. La muerte nos impresiona, es cierto, pero no es el final. El cielo o el infierno están ahí.

Recordar estas grandes verdades es la misión fundacional y fundamental de la Iglesia. Y recordándolas, es cuando lleva a cabo el verdadero servicio a los hombres, que le encomendó su Fundador: Jesucristo.

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