Opinión

¿Otros modelos de familia?

Jornada Mariana de la Familia de Torreciudad.
photo_camera Jornada Mariana de la Familia de Torreciudad.

El pontificio Instituto Juan Pablo II fue  creado por el papa polaco para estudiar y llegar a dejar de manifiesto filosófica y teológicamente las bases sobre las que Dios creó la familia humana, y que la Iglesia ha ido recordando a todos los hombres desde sus orígenes.

Una familia fundada en la unión de un hombre con una mujer; unión que da origen a una vida en comunión “hasta que la muerte los separe”; y que está abierta a la vida de otros seres humanos. En esa familia Dios recrea el amor de su acto creador; da a los esposos la alegría de cooperar con Él en la transmisión del amor en el mundo, y en la creación de otras criaturas  por la vivencia de amor entre los esposos; y descubre así la infinita belleza de Su amor al hombre.

Un proyecto humano-divino que ha convertido a muchas civilizaciones con las que la Iglesia se ha encontrado en su labor de predicar el Evangelio de Jesucristo, durante los veinte siglos que lleva sobre la tierra. Y la misión del Instituto Juan Pablo II era, precisamente, el de recordar esa voluntad de Dios a los hombres de nuestros días, a la vez que ayudarles a vivir ese gran proyecto de Dios, recordándoles la santa vivencia de  la sexualidad en el amor conyugal, en un matrimonio del que Jesús dijo: “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”..

Esta familia cristiana, que ha quedado muy bien reflejada en la exhortación apostólica “Familiaris consortio” del mismo Juan Pablo II,  es la que ha hecho posible la conversión de tantos pueblos, de tantas civilizaciones, a la fe en Cristo, Camino, Verdad y Vida.

Esta familia cristiana es la que ha visto nacer en su seno a tantos santos y santas que han entregado su vida para Gloria de Dios en la Santa Iglesia.

Esta misma familia cristiana es la que ha dado sentido y grandeza humana y sobrenatural a la sexualidad humana, al enseñar a vivirla en el matrimonio, en fidelidad a la esposa, al esposo, y transmitir amor y estar abierta a la vida en el orden de la naturaleza humana.

Sobre esta familia soplan hoy todos los huracanes ideológicos del pensamiento único y del poder, que tiene muy claro que ella, esa sociedad natural basada en el amor, es el principal bastión de resistencia contra toda tiranía, y que su destrucción nos convierte en indefensos átomos a merced del capricho de las élites. Y esto que escribo no es una teoría: es algo tan obvio, que basta ver la multiplicación de abortos,  la caída en picado de la natalidad; la imposición “legal” -¡qué bajo ha caído la “ley”!- de la ideología de género, y las infinitas clasificaciones caprichosas hasta un desviado feminismo que pretende destruir cualquier sociedad medianamente cohesionada.

En septiembre de 2017, el Papa Francisco refundó el Pontificio Instituto Juan Pablo II, en base a la necesidad de “una renovada conciencia del evangelio de la familia y de los nuevos desafíos pastorales a los que la comunidad cristiana está llamada a responder”.

Con esa familia cristiana, la Iglesia ha respondido y con muy buenos resultados a todos los desafíos pastorales que se le han presentado a lo largo de toda su historia.

El Pontificio Instituto Juan Pablo II era un medio de formación centrado en profundizar en el sentido cristiano de la familia, desde una perspectiva teológica y de fe. A la vez ha ofrecido durante todos estos años, una valiosísima ayuda para resolver crisis de familias en todo el mundo.

Algunos de los promotores del cambio han argumentado la necesidad de afrontar “otros modelos de familia”, teniendo en cuenta los cambios antropológicos, culturales, sociológicos, etc.,  que influyen hoy todos los aspectos de la vida y que, según ellos, requieren un enfoque  diversificado sobre la realidad de la familia. Y añaden, en su lógica, que la práctica pastoral de la Iglesia no se puede limitar a considerar la familia solamente con formas y modelos del pasado.

¿”Modelo del pasado” la familia cristiana, la familia que vivimos los cristianos desde los comienzos de la predicación evangélica?. ¿”Modelo del pasado” el matrimonio entre un hombre y mujer, sacramento sobre el que se asienta la familia que algunos quieren llamar  solo “tradicional”; cuando es la única y verdadera familia, y que es tradicional porque es plenamente actual y lo será siempre?

Algunos profesores han visto que, detrás de los cambios que se han hecho en el Instituto Juan Pablo II está la idea de darle un carácter más sociológico que teológico, lo que explicaría la purga de muy buenos profesores de teología moral, de teología espiritual, etc.

La misión de la Iglesia nada tiene que ver con la sociología, ni con la política, ni con el liderazgo en la batallar por el cambio clímático, o cualquier otra actividad semejante.  La Iglesia sabe que tiene que transmitir al mundo la Luz de Cristo, convertir al mundo a la Verdad que Él nos ha revelado; y al recibir esa Luz y esa Verdad, serán los hombres convertidos a la Verdad, los que llevarán adelante las incidencias de este mundo, viviendo la Familia cristiana, la Familia siempre actual, enraizada en la tradición perenne de la Iglesia, que nunca es “modelo pasado”, porque Cristo vive en ella.

Ernesto Juliá Díaz

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