Opinión

¿Otra conversión en los pasos de Newman?

Jonathan Goodall con el Papa Francisco en 2013.
photo_camera Jonathan Goodall con el Papa Francisco en 2013.

Jonathan Goodall es el cuarto obispo anglicano que, después de años de reflexión y oración, se encuentra con la Iglesia Católica y, movido por el Espíritu Santo pide humildemente que le abra la puerta para formar parte de ella.

En unos momentos en los que se habla no poco de la “divinización” del Estado, y de la secularización de esa parte de los creyentes – que no de la Iglesia, que siempre es y será la Iglesia de Cristo, Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y Dios y hombre verdadero- que pretenden acomodar la fe y la moral a los espíritus y modas de nuestro tiempo; el paso dado por Jonathan Goodall tiene el aire de una luz surgida en medio de la oscuridad de un túnel.

Yo la veo así. Goodall no se ha parado en seguir un “diálogo” más o menos formal con la Iglesia, tratar con cariño y paz a los católicos que él conociera, y quedarse tranquilamente en su sitio pensando quizá que una religión, una Iglesia, vale lo mismo que cualquier otra para llevarnos a Dios.

No. Como su antepasado Newman, hoy san John Henry Newman, Goodall vivió el latir del amor a Dios en Cristo Nuestro Señor, vivió el mismo camino que Newman recorrió, y que terminó echándose a los pies del pasionista italiano Domenico Barberi rogándole que lo acogiera en la Iglesia católica.

Alguno se puede preguntar, por qué ha dado este paso. Al fin de cuentas él había encontrado un buen sitio en una parte minoritaria de la Iglesia anglicana, la “iglesia alta”, que rechaza las doctrinas y las prácticas de la “iglesia baja” mayoritaria, cuando ésta se desvía de la doctrina de Roma en temas como la ordenación de mujeres, la ordenación de personas públicamente homosexuales, y otros puntos de la doctrina moral y dogmática. Él responde de esta manera:

"He tomado la decisión de dejar el cargo de obispo de Ebbsfleet, para ser recibido en plena comunión con la Iglesia Católica Romana, solo después de un largo período de oración, que ha sido uno de los momentos más difíciles de mi vida".

A la vez, agradeció a la iglesia de Inglaterra: “La vida en la comunión de la Iglesia de Inglaterra ha moldeado y alimentado mi discipulado como cristiano católico durante muchas décadas. Aquí es donde recibí por primera vez, y durante la mitad de mi vida he ministrado, como sacerdote y obispo, la gracia sacramental de la vida y la fe cristianas"

“Siempre atesoraré esto y estaré agradecido por ello. Confío en que todos ustedes crean que he tomado mi decisión como una forma de decir sí a la actual llamada e invitación de Dios”.

Esa invitación es la respuesta del Señor a su afán de seguirle sirviendo en la Iglesia por Él fundada. El Espíritu Santo ha iluminado la mente y ha movido el corazón de Goodall para llegar a estrenar Fe, aceptada libremente como Newman, en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, que custodia el tesoro inefable de la vida de Cristo y de sus palabras: “palabras de vida eterna”.

La conversión de Goodall se da en estos momentos de tanta duda y falta de fe dentro de la Iglesia que lleva consigo el olvido del dogma y de la moral; y que se refleja no sólo en el mundo de los fieles bautizados, sino también entre sacerdotes y obispos.

No dudo de que Dios Padre nos quiere dar una buena lección. Recordarnos que la Iglesia es Iglesia de Cristo, no de este papa, ni de los pasados, ni de los que vendrán. Es de Cristo, y siempre guardará y vivirá las “palabras de vida eterna”, que Jesús ha manifestado a la mente y al corazón de Goodall; y que le han ayudado a mover su alma, arrodillarse, e implorar ser acogido en la Iglesia, repito, “Una, Santa, Católica, Apostólica”, y Romana.

ernesto.julia@gmail.com                

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