Opinión

La oración de un político

Andrzej Duda.
photo_camera Andrzej Duda.

Hace apenas unos días hemos leído la noticia de que el recién reelegido presidente de Polonia, Andrzej Duda, había acudido al santuario católico de Jasna Góra, donde se conserva la imagen original de la Virgen de Czestochowa, para pedir luces y ayuda para desarrollar en servicio de su pueblo la tarea que se le ha encomendado; y a la vez, pedir por la salud de los afectados en esta pandemia del coronavirus, y rezar también por el eterno descanso de los muertos.

 Por el modo de dar la noticia, y las fotos del presidente de rodillas ante la patrona de su nación, la impresión es que se ha tratado de una visita muy personal, sin ningún aparato mediático, ni nada por el estilo.

Una buena noticia, y muy de agradecer. Cualquier político sensato sabe que ni él solo, ni con el equipo que quiera construirse a su alrededor, será capaz de resolver todos los problemas que afectan al pueblo que le ha concedido la autoridad para que lo gobierne.

Si además de sensato, el político es consciente de una verdad que a la mayoría de los políticos parece que se les ha olvidado, si alguna vez la tuvieron asentada en su mente, de que gobernar es servir al pueblo, llegará a ser un buen político y la nación le agradecerá sus servicios, como hoy ocurre en Italia con De Gasperi. En Francia con Schuman , en Alemania con Adenauer, por ejemplo.

Servir al pueblo, y no como al político de turno le parezca más oportuno, sino como el bien del pueblo lo exija: defender la vida, defender la familia, defender la libertad, el trabajo; y no tratar nunca de manipular las conciencias, adoctrinando como algunos pretenden hoy con la ideología de género, de la misma manera que otros llevaron a cabo en otros tiempos, con ideologías comunistas, abortistas, fascistas, sexualistas, nazis, racistas,  etc.

Duda sabe que esta pandemia, como cualquier otra desgracia similar, ni sus fuerzas ni las de todos sus ministros y ayudantes son capaces de resolver. Y pide ayuda. ¿A Quién? A Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, acudiendo a su Madre Santísima.

No pocos políticos hoy, consideran que Dios no se ocupa de las naciones, de los pueblos, de los habitantes de este planeta; como si, después de habernos creado –y no hay otra explicación racional para explicar la presencia del hombre inteligente y espiritual en la tierra-, nos hubiera abandonado a nuestra propia suerte.

Duda cree en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre; y con su gesto, tan apreciado por el pueblo polaco, sabe que el Señor sí tiene un interés muy preciso en la historia de los hombres sobre la tierra; y está dispuesto a dar las luces oportunas a los políticos, a los gobernantes, que se las pidan y estén dispuestos a escucharlas, para que lleven a cabo su cometido pensando en sus conciudadanos.

Así descubrirán, como parece haber descubierta Duda, que la misión del político es servir al pueblo, preocuparse de lo que pueda ser un bien para el pueblo. Y descubrirán, también, que el Señor y la Patrona Celestial, en la advocación que se venere en cada país, tienen algo que decirles.

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