Opinión

Nueva Evangelización. III

Vaticano.
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Interrumpimos por unos minutos el ritmo del encuentro y de la conversación. Rezamos el Ángelus, rogamos a la Santísima Virgen que nos acompañara, y seguimos adelante recogiendo respuestas a la pregunta con la que comenzamos el encuentro, y que recojo de nuevo aquí:

 “¿Qué esperáis oír cuando os hablan en el ambiente de la Iglesia de “nueva evangelización”, y de la necesidad de vivirla con creatividad, con discernimiento, y en plena libertad en el diálogo con todos, creyentes y no creyentes?”.

Un filósofo, profesor de Instituto, después de hacer referencia a la civilización atea que se está queriendo implantar en Occidente, nos leyó una consideración de Václav Havel, primer presidente de la República Checa, que Giulio Meotti recoge en su libro “¿El último Papa de Occidente?”.

“Una civilización que estaba abocada a la catástrofe”. Y añade. “Havel no era religioso, pero odiaba la “relativización de las normas morales”, y creía que todos los valores que él apreciaba, se perderían si el hombre moderno no redescubría “su ancla trascendental”. La democracia no puede garantizar la dignidad, la libertad y la responsabilidad de las personas. La fuente de ese potencial humano fundamental se encuentra en otra parte: en la relación del hombre con lo que le trasciende”.

Havel se queda en eso que llama “transcendente”, que no pasa de ser un término abstracto construido por el hombre, y no llega a un Dios personal, comentó. Y ese Dios personal, Padre, Hijo y Espíritu, al que Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, nos da a conocer; es Dios a Quien nosotros hemos de predicar y de manifestar al mundo. Como hizo san Pablo con los atenienses. No le creyeron, siguió, pero sobre los dos o tres que sí le creyeron, Pablo sembró la semilla de la Fe en Grecia, en Europa”.

Otro señaló a renglón seguido: “Me parece muy bien, pero hoy hay mucha gente, y muchos jóvenes, que no han recibido ninguna formación religiosa, que acaso han sido bautizados y después ni sus padres ni sus maestros les han enseñado a rezar, ni a pensar en Cristo, Dios y hombre verdadero. Si no conocemos bien a Cristo, si no vislumbramos el amor de Dios, en su Pasión, Muerte y Resurrección, se nos hará muy difícil hacer comprender y vivir los Mandamientos, que nos ayudan a actuar verdaderamente como cristianos”.

Un pequeño descanso para asimilar bien lo dicho hasta ahora; y apenas pasados unos minutos, un licenciado en Física comentó: “Me gustaría que en la Iglesia se hable con mucha claridad, y no se caiga en la trampa del lenguaje que los que atacan la fe dominan bien. Por ejemplo. La Verdad existe. Nosotros no “creemos” que el aborto es un asesinato, y que las ideologías lgtbi corrompen al hombre y a la mujer, porque nos lo dice nuestra Fe. No. Nosotros “no creemos en eso”, lo sabemos. Y lo sabemos porque la ciencia manifiesta claramente que en el embrión está ya un ser humano que comienza su desarrollo vital; y que los seres humanos nacemos hombres o mujeres, con todas nuestras células de hombre o de mujer”.

“Y distinguiendo claramente Ciencia y Fe, me gustaría que se vuelvan a emplear en las homilías y, especialmente en las Misas de Difuntos, las palabras que abren la inteligencia, la razón, a la Fe en la Vida eterna: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. Sin la perspectiva y esperanza de vivir en Cristo y con Cristo, el hombre pierde el sentido de su vida en la tierra, y ni los logros de la ciencia, de la técnica, ni el cuidado de la casa común, ni del cambio climático, ni de ir a vivir en cualquier estrella, llenan nuestros corazones, nuestras ansias de Amor”.

Terminamos el encuentro en silencio y más pensativos. Somos bien conscientes de que, además de crecer más en el conocimiento de Cristo, de asentar las Verdades de la Fe en nuestras inteligencias, hemos dar testimonio de esa Fe a muchos compañeros que no la viven aunque estén bautizados; o que nunca han oído hablar de ella, si no lo están. Convencidos como estamos de que Dios nos ha creado a todos, es Padre de todos, y sabe que nuestra felicidad en la tierra es la de vivir Él con nosotros, y que nosotros vivamos con Él.

ernesto.julia@gmail.com

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