Opinión

María, Apóstol de la Salvación

El obispo de Vigo pide a la Virgen del Carmen por los marineros fallecidos en el mar.
photo_camera El obispo de Vigo pide a la Virgen del Carmen por los marineros fallecidos en el mar.

Las últimas noticias sobre la práctica de la Fe en nuestro país no son alentadoras. Los cristianos sabemos muy bien, de otro lado, que nuestra Fe, y nuestra relación personal con Cristo en la Oración y en los Sacramentos, no depende en ningún caso del andar de las estadísticas ni de las noticias de última hora.

Nos puede dar una cierta pena y un no menos cierto dolor, ver como gente se aparta de la fuente de Salvación, que es Cristo Nuestro Señor. Y nos da pena, porque cuando se aparta de la luz de Dios, el ser humano pierde la orientación vital en cualquier camino que recorra y, lo que es peor, se queda ciego ante la Luz que puede orientar su vida. ¿Qué respuesta podemos dar al preguntarnos sobre el
sentido más profundo de nuestro vivir?

En medio de esas noticias una información que apenas se ha recogido en ese mundo de la comunicación digital, abre puertas para que los cristianos mantengamos viva la Esperanza de llevar a cabo el mandamiento que el Señor dio a los Apóstoles y a los primeros discípulos; y que sigue resonando en los oídos de todos los que creemos en Él: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc 16, 15-16). ¿Cuál es esa noticia?

Una muy sencilla: el número de fieles que acuden a rezar a santuarios de la Virgen María en Europa, ha crecido en un tanto por ciento bien elevado, en los últimos años. ¿Una petición a la Madre de la Iglesia, título afirmado en el Vaticano II, por la unidad de Fe en la Iglesia, que está en peligro por las diversas “sinodalidades” que se vislumbran en el horizonte?

O mejor: ¿Se está cumpliendo el anuncio –prefiero no llamarle profecía- de Juan Pablo II? El entonces Papa dejó escrito que la Fe volvería a renacer en Europa, no solo a la sombra de la Virgen en los grandes Santuarios de su nombre: Fátima, Lourdes, el Pilar, Medjugorje, la Salette, etc, sino, y muy especialmente, en las ermitas dedicada a la Madre de Dios, abandonadas en tantos rincones de
Europa, que volverían a tener vida. El Santuario de Torreciudad habla por sí solo.

La noticia me recordó la actuación de un joven sacerdote cuando llegó a su primer encargo pastoral: un pueblo en un rincón de España, en el que la Fe estaba agonizando. Sus predecesores, en su afán de ir con “los espíritus del tiempo”; de “liberarse de prejuicios y dogmas”, de “seguir lo que deseaban los jóvenes”, etc., le habían dejado una herencia lamentable, después de abandonar la catequesis, y
cualquier rastro de piedad popular.

El joven sacerdote se arrodilló ante el Sagrario, se dirigió a la Virgen del Carmen, y pidió ayuda. Se puso a limpiar la iglesia, que estaba muy abandonada; recompuso la Misa diaria; y se fijó en una ermita de la Virgen de Carmen levantada por las generaciones anteriores a apenas un kilómetro del pueblo, que estaba prácticamente derruida.

Un año después, y ya con la ermita algo reparada, el pueblo volvió a ir en romería el día del Carmen después de más de 20 años sin hacerlo. Ese día se casaron en el Señor, y ante la Virgen, tres “parejas de hecho”: los primeros Matrimonios en el pueblo en los últimos cuatro años.

María tiene la gran misión de presentarnos al Señor, de dárnoslo para que lo adoremos, como hizo con los pastores y los reyes magos. María es la estrella de la Salvación que nos ofrece su Hijo. Y en un momento en el que hasta en la misma Iglesia se habla tan poco de Salvación, de Conversión con arrepentimiento de los pecados, hasta el incendio de Notre Dame nos anuncia que es María, la Madre de Dios, la que nos llama a sembrar nuevamente en Europa la semilla de la Fe en su Hijo.

 
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