Opinión

La Luz del Corpus Christi

Corpus.
photo_camera Corpus.

“Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.

A más de unas personas que lean estas líneas esa unión de estos tres jueves le podrá parecer algo anacrónico, cosa de otros tiempos. Aunque el Corpus y la Ascensión se celebren en muchos lugares en domingo; en el calendario litúrgico universal de la Iglesia, siguen celebrándose en jueves.

Lo celebremos cuando lo celebremos, el resplandor de esos días sigue en pie, e intacto; y continúan, aun sin procesión, “reluciendo más que el sol”.  ¿Por qué?

Su Luz es el esplendor del Creador de la Luz. Es la luz de Dios, del Hijo de Dios hecho hombre. La luz de su Cuerpo que se nos da como alimento a nosotros, pobres pecadores, en la Eucaristía; y que en la Ascensión sube al cielo  y nos abre el camino para que, un día, vivamos con Él todo lo que ha preparado para los que le aman.

Este año no habrá procesiones, y no podremos arrodillarnos al paso de Cristo Eucaristía por las calles de nuestras ciudades. La pandemia ha barrido la procesión, pero no ha apagado la Luz: la ha hecho, si cabe, más resplandeciente.

“Los habitantes en tinieblas vieron una gran Luz”, nos recuerdan en Navidad ante la llegada al portal de Belén del Hijo de Dios.

El Corpus Christi, con las procesiones, viene a ser una invitación a Jesús para que llene de luz las calles de nuestras ciudades. Nuestros antepasados han preparado unas preciosas y artísticas Custodias, y se las han ofrecido a Cristo para que pudiera vivir, también terrenalmente, la alegría de “estar con los hijos de los hombres”. Desde la Custodia, el Señor quiere dar Luz para reverdecer nuestra Fe en su Presencia Real en la Hostia Santa; y llenar nuestro corazón de Caridad, y poder darle las gracias al recibirlo en la Comunión, siendo conscientes de la alegría con que Él se no da, y nos dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.

El Papa recuerda de vez en cuando que la Comunión no es ningún premio. Y de hecho, si lo fuera, no hay mortal que pueda hacer los méritos suficiente para recibirlo salva la Virgen Santísima. Cierto; nadie nos merecemos ese premio. La Eucaristía es el más hondo acto de amor de nuestro Señor Jesucristo; es su donación total.

Así lo debió entender la escritora conversa Gabriele Kuby al escribir estas palabras:

“Como conversa a la fe católica al final de la vida, era abrumador para mí descubrir la abundante gracia de la Iglesia. Era como un banquete donde nunca podría incluso comer todos los alimentos que se ofrecían de forma gratuita. Una de las primeras experiencias fue el misterioso poder del Santísimo Sacramento expuesto: yo no podía soportar estar cerca y tuve que trasladarme a la parte de atrás de la Iglesia. He intentado acercarme y he tenido que volver a alejarme de nuevo. Esta fue mi experiencia. Semejante a la de Pedro al decirle a Jesús: “Apártate de mi, Señor, que soy un hombre pecador”. Y añade a renglón seguido: “Experimenté mi primera confesión como una gracia que cambia la vida”.

Este año no habrá procesiones del Corpus Christi. Una buena oportunidad para echarlas en falta, y descubrir una vez más a Quien salía ese día del Sagrario, y llenaba de Luz las calles de nuestras ciudades.

[email protected]

Comentarios
Somos ECD
¿Quieres ser protagonista del Confidencial Digital?