Opinión

Liberarnos de “complejos” (y VI)

Procesión Santísimo Cristo de los Alabarderos.
photo_camera Procesión Santísimo Cristo de los Alabarderos.

A los cristianos de hoy, como a todos los que nos han precedido en estos 20 siglos, el Señor nos pide que demos testimonio de nuestra Fe, con las palabras y con las obras, en todos los rincones del mundo, a todas las culturas de los hombres. Un mandato, una invitación, que seguirá en vigor hasta el fin de los tiempos.

Es el mismo mandamiento que Él dio a los apóstoles: ir a todo el mundo, predicar el Evangelio y bautizar a todos los pueblos, con amor, sacrificio y en libertad- Nosotros, los cristianos de hoy, hemos de ser consecuentes y dar testimonio de Fe, de Esperanza y de Caridad, con nuestra palabra y nuestra vida. Y si es necesario, hasta con el martirio.

Quizá no tengamos que llegar al derramamiento de sangre; pero sí hemos de dar testimonio sin importarnos en absoluto el juicio que puedan hacer los demás de nosotros. No hacerlo por temor a que no nos entiendan, a hablar sólo de Jesús porque decir que Cristo es Dios y hombre verdadero parezca algo ya pasado de moda, es el “sexto complejo” que tenemos que vencer.

“Sexto complejo” que viene a ser consecuencia de los demás que ya hemos analizado, y que mueven a tantos cristianos –laicos, sacerdotes; hombres y mujeres, jerarquía y fieles de a pie-, a no querer “nadar contra corriente”, no herir la sensibilidad de nadie, a acoger a todos en una amistad “sinodal”, superficial y ficticia, que se limita a hablar del cuidado de la “casa común” y de acoger a todos, de respetas a todos, porque todos somos iguales.

Para dar ese testimonio hemos de tener nuestra mirada, durante el normal correr de los días, en dirección elevada al Cielo, a la Vida Eterna. Adorando ya a Cristo, Vida Eterna, en el Sagrario.

 Y, ¿de qué hemos de dar testimonio? De nuestra Fe, de nuestra Esperanza, de nuestra Caridad, anunciando las verdades de la Fe, y los mandamientos de la Moral, sin excluir ninguno; y sin preocuparnos en absoluto de lo que puedan pensar de nosotros por aquello de que no estamos a la “altura de los tiempos”. Estamos a la “altura de la Eternidad”, de Dios Eterno, vivificador de todos los tiempos.

Verdades de Fe, desde la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un único Dios en tres Personas distintas;  hasta la vida eterna de cada uno de nosotros: muerte, juicio, infierno y gloria, sin dejar de añadir el purgatorio; realidades que muchos pretenden olvidar acudiendo a una superficial y desvaída misericordia de Dios.

Santa Moral, que nos señala el camino que libremente podemos y queremos seguir para llegar a descubrir un día el Amor de Dios a los hombres, y a la vez, dar testimonio de nuestro amor a Dios. Amor a nuestros padres y hermanos, que abre nuestro corazón a para amar a todas las criaturas; no matar a nadie: el así llamado “derecho al aborto” es, además de una aberración jurídica y humana, quizá el pecado más grave que un hombre pueda cometer; la santidad de la sexualidad, que lleva a desear presentarse, hombres y mujeres, vírgenes al matrimonio, a rechazar la práctica homosexual y otras más o menos semejantes, contrarias a la naturaleza humana –perversión, inversión, la llamaba Freud. No robar, no mentir, etc. Moral Santa que se resume e ilumina en el mandamiento nuevo que nos dio Cristo: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado, como Yo os amo”.

Y todo este testimonio, sin ningún complejo; sabiendo además los sacerdotes que la gente tiene verdadera necesidad de ver con sus ojos –también por nuestra vestimenta-, que los sacerdotes existimos; aunque en algún momento descarguen su ira, su furor, su mala conciencia o su rabia por el mal ejemplo que podemos darles, con un golpe por la espalda, un insulto, etc. Y también tiene necesidad de saber que la preocupación fundamental de los obispos es dar un real testimonio de Fe, también frente al poder político, como vivió el obispo compañero de martirio de santo Tomás Moro, san John Fischer, y tantos otros a lo largo de la historia.

Pisoteando “complejos” ha caminado la Iglesia a lo largo de los siglos. Y superados estos “complejos” y los que se puedan ir presentando a lo largo de los años, seguirá caminado hasta el final de los tiempos.

ernesto.julia@gmail.com

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