Opinión

La dura batalla de Benedicto XVI-Ratzinger

El Papa Francisco y el Papa emérito Benedicto XVI se saludan en el Vaticano (imagen de archivo)
photo_camera El Papa Francisco y el Papa emérito Benedicto XVI se saludan en el Vaticano (imagen de archivo)

Acaba de cumplir 93 años que, en las circunstancias actuales, pueden decir mucho o pueden decir nada, en lo que a las condiciones de cabeza se refieren. La suya parece que sigue en plenitud de visión y de perspectiva.

Lógicamente todas las intervenciones de estos últimos tiempos, le habrán costado un no pequeño esfuerzo que yo, por lo menos, le agradezco de verás que lo haya hecho. Sus palabras siguen siendo una luz con la que contar a la hora de pensar en la Iglesia, en las enseñanzas de la Iglesia, en la doctrina perenne de la Iglesia que es siempre actual. Y no me cabe la más mínima duda, que la fuerza para sostener este batallar continuo, es fruto de un profundo amor a Nuestro Señor Jesucristo y a su Iglesia, la Iglesia Una, Santa. Católica, Apostólica y Romana.

Acaba de aparecer en Alemania una biografía –entrevista con Peter Seewald-  de más de 1.100 páginas. De ahí tomamos algunas líneas.

Gracias de todo corazón a Benedicto XVI, por la claridad con la que se expresa, para mantener viva la tradición de Fe y de Moral en la Iglesia..

“La sociedad moderna está en el proceso de formular un “credo anticristiano”, y resistirlo se castiga con la excomunión social. El miedo a este poder espiritual del Anticristo es, por tanto, demasiado natural y realmente se necesitan las oraciones de toda una diócesis y de la Iglesia universal para resistirlo”.

Hablando de los escándalos dentro del Vaticano, reconoce su miserable maldad y su indignidad, y los sitúa en su lugar en relación con el estado actual de la Iglesia.

“Pero la verdadera amenaza para la Iglesia y, por lo tanto, para el ministerio de san Pedro no consiste en estas cosas, sino en la dictadura mundial de ideologías aparentemente humanistas, y contradecirlas constituye una exclusión del consenso social básico”.

“Hace cien años todo el mundo habría considerado absurdo hablar de un matrimonio homosexual. Hoy en día, se está excomulgado de la sociedad a quien se opone a ellos” (…) Los mismo se aplica al aborto y a la creación de seres humanos en el laboratorio”.

Ya en 1989, en un artículo de L’Osservatore Romano, señalaba el entonces card. Ratzinger, cuatro causas en las raíces de la situación en la Iglesia: el rechazo de la enseñanza de la Iglesia sobre la contracepción, incluido lógicamente, el aborto y su aceptación social; el rechazo de cualquier discriminación de la práctica homosexual, no de la persona que manifestara de alguna manera esas tendencias, y su aceptación social; la práctica de admitir a los sacramentos a los divorciados vueltos a casar civilmente; y el intento de la ordenación de mujeres.

Y recordó, en su momento, que en las raíces de los escándalos de la actuación sexual de algunos clérigos, estaba la aceptación de la práctica homosexual por esas personas que se habían comprometido ante Dios, de anunciar y de vivir la Fe y la Moral que la Iglesia ha enseñado desde su fundación (vid. Informe del Colegio John Jay de Justicia Criminal, New York, 2008).

Ya por los años 60-70 del siglo pasado, Ratzinger no dejó de subrayar que la pérdida de la conciencia de pecado que estaba creciendo entre los fieles cristianos, engarzaba sus raíces en la falta de Fe en la divinidad de Cristo, al querer separar el “Jesús histórico” del Jesucristo de la Fe;  en poner en duda la realidad del hecho histórico de su Resurrección, que algunos eclesiásticos querían convertir en algo sencillamente simbólico, sentimental;  y en la pérdida de la  perspectiva de  la Vida Eterna, Muerte, Juicio, infierno y Gloria, que apenas se mencionaba en la catequesis y en las homilías. Y, sin Vida Eterna, ¿qué sentido tiene la vida humana o hablar de pecado?

 Ahora habla de un “credo anticristiano”, y aunque no tengamos todavía el libro en castellano, pienso que no es arriesgado adelantar que en él volverán a aparecer todas estas luces, para ayudarnos a pensar en cristiano.

El corazón de Benedicto XVI-Ratzinger, sigue lleno de amor a Cristo, de amor a la Iglesia que Cristo estableció; y que tiene la misión de iluminar con la luz de Cristo todas las culturas, todas las situaciones que surjan en la tierra. Y lo hará manteniendo siempre viva la Fe en la Palabra Eterna, Cristo, y en todas sus enseñanzas que nos transmite por Tradición.

La Iglesia cristianiza las culturas sin convertirse nunca en la cultura que “toque”, adaptándose a los tiempos. Por eso, entre otras cosas, el matrimonio será siempre entre una mujer y un hombre; y el Cielo y el infierno seguirán siempre ahí como los predicó Jesucristo. 

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