Opinión

Carta de una “lesbiana” al Sínodo

Avera Maria Santo
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No le han dado demasiada publicidad, y tengo la impresión de que tampoco ha sido recogida entre los resúmenes de las sesiones que el Sínodo ha tenido hasta ahora. ¿Por qué? Quizá, sencillamente, porque es un precioso testimonio de Fe, de Esperanza, de Amor a Cristo; y un rechazo total a la tentación de acomodarse a “lo que se lleva en la calle”.

El testimonio de Avera María Santo, católica estadounidense de 22 años, es un canto agradecido a la doctrina católica sobre la homosexualidad que le ayuda a llevar la cruz de sus tendencias lesbianas, en esta tierra y prepararse a «pasar la eternidad con mi único amor verdadero, Jesucristo».

El testimonio es una carta abierta que circuló por Roma los primeros días del Sínodo.  Quien desee leer el texto completo –cosa que recomiendo vivamente- puede pinchar aquí y en otra noticia aquí.

 Comento solamente algunos párrafos.

“Cuando supe de los esfuerzos que están realizando los grupos pro LGBT que intentan persuadir a los obispos católicos para que cambien la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad, específicamente en el sínodo juvenil de este año, quedé devastada” (…); y añade poco después: “Odiaría que dichas enseñanzas se modifiquen de alguna manera especialmente de una forma en la que se podría causar un daño tan enorme”.

“Por tanto deseo dejar al descubierto mi corazón y compartir con ustedes, queridos obispos de la Santa Iglesia Católica, parte de mi historia y de mis convicciones, y suplicarles que mantengan las enseñanzas de la Iglesia sobre la homosexualidad como buenas, verdaderas y hermosas”.

El Señor nos recordó a todos: “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (cfr. Mt 11, 30), y el apóstol señaló a los de Corinto “que nadie es tentado más allá de sus propias fuerzas” (cfr. 1 Cor 10, 13).

Avera María es muy consciente de esas palabras del Evangelio y de la lucha interior que esas tendencias le suponen. Las ha vencido siempre con oración y son sacrificio; y se ha dado cuenta de que el Señor está siempre a su lado. Y por eso añade, para que no quede la menor duda de la sinceridad de sus palabras:

Decirme que mi cruz de atracción por el mismo sexo es demasiado pesada como para que la pueda amar cuando Cristo me llama a hacerlo, no es simplemente degradante; es también mentira. Dios no nos abandonó cuando el hombre pecó por primera vez en el principio, y no nos abandonará ahora”.

No sé si al leer estos párrafos de esta carta, los obispos y los demás participantes en el Sínodo se han acordado de las reflexiones de un intelectual italiano al comentar algunas afirmaciones del americano Rob Dreher en su libro “La opción Benedicto”, y si son conscientes de la realidad del mal que la “revolución sexual” ha provocado muy especialmente entre hombres y mujeres jóvenes.

“El juicio del escritor estadounidense sobre la “revolución sexual” es radical: ésta ha sido catastrófica para el cristianismo – más que, podríamos agregar, para la moral tradicional – porque ha golpeado en el corazón de la doctrina bíblica de la sexualidad y de la persona humana, demoliendo la concepción cristiana de la sociedad, de la familia y de la naturaleza de los seres humanos. En síntesis, ha mutado radicalmente los supuestos de la vida social, tal como habían sido establecidos durante milenios”.

Y de estas consideraciones todos, por desgracia, somos testigos.

Avera María, en defensa de la Moral que se ha vivido en la Iglesia desde sus principios, recuerda a los Obispos:

“Mis queridos obispos, no hay nadie en esta tierra que no sea llamado a vivir una vida de castidad; eso incluye a mis hermanos y hermanas que experimenten atracciones con personas del mismo sexo.  Esto no es porque la Iglesia sea opresiva y quiera que seamos miserables y pasivamente sumisos a ella, sino porque todos y cada uno de nosotros estamos invitados a entrar en la vida divina de nuestro Creador; una vida donde ningún pecado puede permanecer”.

No termino sin dar las gracias a esta joven mujer americana, 22 años, por habernos dado un testimonio semejante.

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