Opinión

Canto a la Vida

Niña síndrome Down.
photo_camera Niña síndrome Down.

Un canto a la vida es la música que late en el corazón de María (llamémosla con este nombre) una madre que espera el sexto hijo de su matrimonio. Bien consciente de que una de las tres disposiciones que la Iglesia pide a los esposos para que el matrimonio que van a celebrar sea válidamente un sacramento, es la de estar abiertos a la vida, María ha ido recibiendo a sus cinco primeros hijos, tres hombres y dos mujeres, sabiendo que eran hijos suyos e hijos de Dios.

Celebró el bautismo de cada criatura pocos días del nacimiento de cada uno; y ya, cuando pensaba que el Señor no le iba a enviar más descendencia, apareció el sexto hijo. Una niña que, ya en las primeras semanas de su vivir en el seno materno, dio claros indicios de que estaba llegando al mundo con señales inconfundibles del síndrome Down.

Las tentaciones, las sugerencias e incluso las invitaciones a abortar, le asaltaron desde diferentes frentes. María tiene muy claramente asentada en su cabeza, como médico que es, que la que está desarrollándose en su seno es una criatura humana, y que tiene el mismo derecho a vivir que tiene ella, todos sus hijos y todos los engendrados de mujer.

Ante las primeras noticias de las condiciones de la criatura, le invadió una cierta tristeza. Derramada en lágrimas, la angustia dejó paso a un aroma de nerviosismo que, día a día, se fue convirtiendo en serenidad y perspectiva de futuro; aunque en algunos momentos las sombras vuelven a rondar su espíritu.

La falacia de los que razonan diciendo que el aborto es un camino para que una criatura deformada no sufra jamás penetró en sus procesos mentales. Su cabeza y su corazón han visto con mucha claridad que eso que se ha dado en llamar derecho al aborto, no es más que un derecho a matar, a asesinar, que abre todos los caminos para la corrupción generalizada en cualquier sociedad política, civil, que lo admita y caiga en la aberración de declararlo ley.

 Una ley que viene a ser una semilla con capacidad de corromper todos los procesos legislativos de esa sociedad. La corrupción echa raíces en los fundamentos de la sociedad, y más, cuando llega a establecerse en una Constitución para la vida política. La sociedad dominada por el aborto pierde toda perspectiva de futuro, del sentido de la historia, y acaba, tarde o temprano, en un “nada vital” que la lleva a la muerte.

María sabe que su embarazo es un canto a la vida, al amor; y que el aborto es un canto a la muerte, al egoísmo, al desamor.

¿Qué buscan los promotores de leyes abortivas, de leyes que van directamente contra el orden querido por Dios en la creación? ¿Qué pretenden estableciendo leyes que promueven desórdenes sexuales que reducen a los hombres y a las mujeres a vivir el don de la sexualidad movidos casi exclusivamente por los instintos, como los animales?

María sabe que como todos sus hijos, también la niña engendrada en su seno con síndrome Down, son fruto de una unión íntima y amorosa con su esposo, el padre de la criatura; que sus hermanos la van a recibir con mucho cariño, que la acompañarán como se han acompañado entre ellos en todas sus necesidades; que van a comer con ella, a rezar con ella, a jugar con ella, a pasear con ella.

Al ver la serenidad con que María vive este embarazo recé a la Madre de Dios para que las mujeres tentadas al aborto recapaciten un poco; hagan crecer lo mejor de sí mismas y den a luz a sus criaturas. Así dejará de existir la peor matanza que los hombres nos hayamos podido infligir, sin comparación con cualquier guerra que se haya levantado en la tierra. Según datos del año pasado de la OMS (Organización Mundial de la Salud), se practican en todo el mundo 73.300.000 de abortos al año; 200.821 cada día, 8.367 cada hora.

Y que los cantos a la Vida, al Amor, vuelvan a llenar los labios y los corazones de tantas familias alejadas de Dios. 

ernesto.julia@gmail.com

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