Opinión

El camino de Santiago

Camino de Santiago.
photo_camera Camino de Santiago.

En 1973 apenas queda constancia de la presencia de 37 peregrinos en el camino de Santiago. El año 2015 el número de personas que caminaron hasta llegar al altar del Apóstol peregrinando fueron 262.458.

¿Vuelve a relucir la luz de la lluvia de estrellas sobre el sepulcro de Santiago?

Esa es la impresión, si nos atenemos a los datos de peregrinos en los últimos años: en 2018, 327.342; y en 2019, 347.538; y por todos los caminos.

Se habla del impacto de la visita de Juan Pablo II al sepulcro del Apóstol, y del reverdecer de peregrinos en los Años Santos Compostelanos que tienen lugar cuando el 25 de julio cae en domingo.  Hechos ciertos, sin duda, pero pienso que vale la pena contemplar este caminar miles de kilómetros, y la mayoría, el 96% a pie, con otras perspectivas, con otros horizontes.

Santiago vio a Cristo, vivió con Él, fue testigo directo y presencial de la Transfiguración del Señor y de su Muerte y Resurrección; su cadáver acabó en un rincón del mundo completamente desconocido y sin particularidad que pudiera llamar la atención.

¿Qué espíritu mueve a esos cientos de miles de peregrinos? Lógicamente, cada uno tendrá sus motivaciones muy personales; y quizá muchos de ellos hagan suyas las palabras que Juan Pablo II dirigió a los jóvenes en el monte del Gozo el 19 de agosto de 1989:

“Para nosotros, igual que para los peregrinos que nos han precedido en épocas pasadas, este camino expresa un profundo espíritu de conversión. Un deseo de volver a Dios. Un camino de purificación y de penitencia, de renovación y de reconciliación”

“Por esto, para todos nosotros, como para los peregrinos que nos han precedido, es muy importante terminarlo con un encuentro con el Señor, a través de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía”.

Al lado de otras anécdotas de menor contenido humano y sobrenatural; son muchas las personas que han comenzado este camino con deseo claro de reencontrarse a sí mismas, encontrándose con el Señor. Quizá al comenzar no sabían bien qué buscaban o ni siquiera pretendían otra cosa que pasar los días caminando.

Y que se han podido encontrar: un “camino sembrado de numerosas manifestaciones de fervor, de arrepentimiento, de hospitalidad, de arte y de cultura, que nos habla de manera elocuente de las raíces espirituales del Viejo Continente”,

con palabras de Benedicto XVI en el Mensaje de apertura del Año Santo en 2010-

Unos peregrinos volverán a sus casas agotados de las caminatas; y a la vez, con la alegría de haber llegado ante la tumba del Apóstol, pararse un tiempo en oración y descubrir que el profundo significado de estas palabras del mismo Mensaje:

“Una oportunidad particular para que los creyentes recapaciten sobre su genuina vocación a la santidad de vida, para impregnen de la Palabra de Dios, que ilumina e interpreta, y reconozcan a Cristo, que sale a su encuentro, les acompaña en las vicisitudes de su caminar por el mundo y se entrega a ellos personalmente, sobre todo en la Eucaristía. Pero también los que no tienen fe, o tal vez la han dejado marchitar, tendrán una ocasión singular para recibir el don de “Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida”​

Quien camina, consciente o inconscientemente busca; y no “algo; busca a “Alguien”. Y el Apóstol Santiago, que sabe muy bien que los peregrinos no buscan sus restos, sus huesos, se alegra profundamente de seguir viviendo su misión de apóstol, acercando a Cristo a sus peregrinos.

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