Opinión

Alcalá de Henares: Benditos testimonios

El Papa Francisco con Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares.
photo_camera El Papa Francisco con Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares.

Sigue en pie la polémica en torno a los cursos que organiza la diócesis de Alcalá de Henares para personas que libremente solicitan ayuda para abandonar las PMS (proyección hacia personas del mismo sexo), con las que se han enfrentado en algún momento de su vida.

La “ley” - y pongo las comillas porque una ley inicua, contraria a la libertad y a la naturaleza del ser humano, de ley, en el sentido más cicerioniano de la palabra,  solo tiene las letras – que castiga a quienes ayudan a personas que quieren abandonar esas “proyecciones” o “tendencias”, es una norma dictatorial y opresiva.

El obispo de Alcalá no va a necesitar muchos abogados para defender su buen hacer que, por otro lado, se lleva a cabo en tantos otros lugares con más o menos formalidades, y se desarrolla en grupos o personalmente, y que se encuadra en la labor pastoral de sanación de las almas, propia de la Iglesia..

Sus mejores abogados son los participantes en esos cursos quienes, de paso, reafirman lo que algunos no quieren admitir: que esas proyecciones o tendencias se pueden vencer; lo que dicho sea de paso, el mismo Freud llamaría curar, según su experiencia profesional.

Recojo, al azar, solo una parte de tres testimonios:

“Yo recibí esa ayuda porque libre y responsablemente así lo quise, y esa ayuda fue en todos los aspectos de mi vida. A los pocos meses, ya empecé a comprobar que la atracción a las chicas empezaba a regresar, y la proyección hacia los chicos disminuía a la par que yo me sentía más seguro en mí mismo, más integrado en mi realidad y en mi sexo. ¡¡ La atracción hacia las chicas volvió, he vuelto a enamorarme de alguna chica, y qué diferente es a los enganches emocionales que vivía con la PMS!! (proyección hacia el mismo sexo). RECUPERÉ LA FELICIDAD.

Hasta que no salí del hoyo, no sabía que en realidad estaba viviendo un auténtico infierno con el que me estaba conformando.

Por cierto, nunca me he sentido más amado y comprendido que por las personas que he conocido a lo largo de este camino, entre ellos, B.V. y el Obispo de Alcalá. Anteriormente, otras personas pasaron de mi sufrimiento o no se lo tomaron en serio, y eso no me ayudó. Otras personas me dijeron que lo que tenía que hacer es vivir toda la vida como homosexual, y eso no me ayudó. Lo único que me ayudó fue que me dijeran la verdad, y que me dieran la oportunidad de no tener que vivir toda la vida dominado por la PMS”.

Y aquí está el segundo testimonio

“El camino que yo he seguido (acudir a los cursos en Alcalá) debería poderse tomar sin temor a vivir represalias. ¿No? ¿Porque SI somos libres para “aceptar nuestra condición gay”, pero NO para intentar madurar y crecer? ¿Dónde está mi derecho de elegir lo que YO creo que tiene sentido para mí?

Hoy puedo decir que he trabajado el perdón con mi padre. Tengo una relación hermosa con él (¡y ni siquiera sabe de esto!). Hoy soy capaz de entablar relaciones sanas con mis amigos varones y verlos como iguales. Dejé de ser tan narcisista y egoísta. He entendido que una vida de servicio y comunión me llena más que cualquier otra cosa.

Poco a poco he ido sanando mi relación con mi propio cuerpo. Estoy empezando a quererlo. A veces, no es tan sencillo y por momentos dudo si realmente podré algún día. Pero ha sido mi elección y estoy feliz con solo el hecho de intentarlo.

Mi corazón y mis oraciones están con Mons. D. Juan Antonio, con todos los que trabajan en el COF y con los orientadores que se juegan la piel por mí y por cientos como yo. Hoy soy libremente feliz. ¿Hay alguna ley que proteja eso también?”

Y el tercer testimonio es de una mujer:

“Debido a experiencias sexuales de pequeña crecí pensando que me atraían las chicas y al tener una relación estrecha con mi padre quería ser como él, al final creía de forma equivocada que quería ser un chico.

Todas estas heridas y carencias se manifestaron en la adolescencia y comencé a vivir una relación con una mujer con la que poder sentirme querida ‘como era’.

Sin embargo, todo fue a peor y después de 4 años acabé viviendo todo un año de infierno: no comía, no dormía, me quería morir, no podía más.

Comencé el proceso de acompañamiento y sanación de heridas hace 4 años debido a esta relación. Yo ya no quería vivir una relación de ese tipo, pero todo lo que me ofrecía esta sociedad era ese tipo de relación si sentía PMS (proyección hacia persona de mí mismo sexo). Empecé el proceso sin coacción de ningún tipo, y empecé a conocerme.

He podido salir adelante y descubrir que la PMS no es una identidad sino una consecuencia de vivencias. Al ir reconciliándome con esas vivencias he podido equilibrarme psicológicamente y dejar de tener sentimientos PMS.

Quiero hacer constar que elegir este proceso de maduración integral y poder ser acompañada es una opción tan válida como las demás y que tengo el derecho a vivir y a elegirlo libremente, ninguna ley debería impedir eso. Eso es lo que defiende el Obispo de Alcalá el COF y BV, la libertad de poder sanar si quieres ser sanado en tus heridas.

Hoy escribo para defender mi elección de vida. Por favor déjenme vivir como he decidido y quiero vivir”. 

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