Opinión

Y la Iglesia sigue caminando

“Canta y camina” dice san Agustín a los peregrinos que buscan a Dios, y le encuentran en Cristo. “Canta y camina”. Los tonos son diferentes y las melodías variadas. Lo que cuenta es caminar y cantar, y andar a buen son.

            ¿Quién da la nota para cantar y caminar?  A veces se piensa que es el Papa el encargado de esta tarea.  Y no. El Papa tiene la gran misión, en la que todos los creyentes hemos de ayudarle, de mantener la Fe, y de no permitir desviaciones de la Fe. La nota para caminar se la reserva el Espíritu Santo, quien unas veces la hace sonar en el oído de unos, y otras, en las orejas de otros; y se vale como altavoz de cualquier ser humano que lo ame

            En Croacia ha habido muchos que han escuchado la nota, y han cantado. En la consulta popular de ayer, 1 de diciembre,  que no contaba con el apoyo del gobierno del socialista Milanovic, pero que había sido solicitada –según derecho- por 740.000 ciudadanos, el pueblo croata ha modificado el texto de la constitución para dejar claro lo que sus redactores tenían en la cabeza cuando la aprobaron: que el “matrimonio es la unión entre hombre y mujer, y no otras combinaciones”.           

Es la primera, y hasta ahora, única nación en Europa en la que un paso semejante no lo define el parlamento, ni el senado, ni los políticos de turno por decreto ley. En esos países se ha impuesto la “dictadura democrática”, que algunos políticos manejan a su gusto, sin importarles en absoluto la “democracia”, vaya esto dicho con mis credenciales de ciudadano.

En Croacia se ha preguntado al pueblo, a la sociedad, a la que han de servir estos organismos políticos, y la sociedad ha dicho claro su parecer: 66 º/º ha afirmado que “el matrimonio es la unión entre hombre y mujer; y apenas el 33 ºº ha apoyado “las otras combinaciones”.

            La misma nota ha sonado en los 32 estados de Estados Unidos a lo largo de estos últimos años: todos han reafirmado la realidad: el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer.

            Otra nota del Espíritu Santo, o quizá la misma, en otro tono, sonó hace ya muchos años  en el corazón de un soldado ruso a punto de comenzar una batalla cualquiera en la segunda guerra mundial. Antes de salir de la trinchera y esperando la orden de salto, escribió una larga de oración de la copio dos párrafos:

            “¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he habado ni una sola vez contigo, pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta. Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes…Y yo, como un idiota, lo he creído.

¡Han dado la señal! Me tengo que ir. ¡Qué bien se estaba contigo! Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura: quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta. Y si hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya, ¿me dejarás entrar?”

Una tercera nota,  y me quedo hoy sólo con estas tres, está sonando en toda Inglaterra. Los casi medio millón de polacos, que viven en Gran Bretaña, comienzan a cambiar el panorama religioso del país. Las mujeres polacas tienen más hijos, y todos bautizados católicos. En pocos años, los católicos han pasado de 4.2 millones a 5.3 millones, en Inglaterra y Gales. Y son bien conscientes de serlo.

“Canta y camina”. La invitación de san Agustín sigue animando a tantos católicos, a tantos cristianos en todas las partes del mundo. Y sin hacer mucho ruido, que  la Fe crece en el silencio amoroso de los corazones.            

Ernesto Juliá Díaz

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