Opinión

¿Despierta la conciencia?

En medio de las noticias que llenan los títulos de las portadas de los medios de comunicación aquí y allá, aparece una que vale la pena recordar: el salvamento de un niño recién nacido y colocado en un contenedor de basura.

Los salvadores no han sido los médicos en un hospital; han sido dos guardias civiles y un vecino que oyeron el llanto del pequeño que se debatía entre la vida y la muerte dentro de un contenedor de basura. Y como en los salvamentos gloriosos, éste fue cuestión de pocos minutos: tardanza del coche de la basura para recoger los desperdicios, y el llanto del pequeño de apenas varios días de vida, que luchaba ya por la supervivencia que le negaban sus padres.

En el fondo de su alma, Marco, como le han llamado las enfermeras que lo atendieron en el hospital, tendrá que agradecer a su madre que no lo haya abortado. Si así hubiera sido, lo que se hubiesen encontrado en el cubo de la basura no sería un ser vivo en lloro anhelante por seguir viviendo, sino cuatro trozos de carne de un ser muerto: el mismo que ahora vive. A los que son abortados se les niega, no sólo el derecho a nacer, sino también el derecho a dar gracias por haber nacido.

Las enfermeras seguirán cuidándolo, y esperemos que la administración pública facilite la adopción de esta criatura a alguna familia que, sin duda, lo recibirá con los brazos y el corazón abiertos, dispuesta a darle todo el calor y amor, materno y paterno, que sus progenitores le han negado. Menos mal que han respetado su derecho a nacer, y aunque lo han abandonado a su suerte, Dios lo ha acogido en su Providencia, y le ha mantenido en vida.

Acompañando esta noticia alentadora, que remueve la conciencia de tantas personas que anhelan ver con vida a todos los concebidos, y a que se cierre la infame y criminal práctica del aborto; leemos el no menos infame y criminal negocio de miembros de cuerpos abortados que se organiza en la mayor empresa de este género en Estados Unidos: la Planned Parenthood.

Esta organización quizá tendría que comenzar por cambiar su nombre, “Paternidad Planificada”, porque más que lo que su nombre indica, lo que está haciendo desde hace muchos años, además de matar a las criaturas en el seno materno, es organizar un negocio millonario con la venta de los órganos de los muertos.

Esperan hasta muy cercano el momento del alumbramiento natural para provocar el aborto. Descuartizan a las criaturas de manera que los hígados puedan quedar en buen estado, el corazón también, los músculos de las piernas, etc

“Mucha gente quiere corazones intactos, porque están buscando nodos concretos como el auriculoventricular o el sinoauricular…Yo siempre digo: tantos hígados como sea posible. Mucha gente quiere hígados. Por ese motivo, el operario debe actuar bajo guía ecográfica, para que sepa dónde está poniendo los fórceps”.

Son las declaraciones de la directora senior de esta “Paternidad Planificada”, que debería cambiar su nombre y denominarse “Matanzas Planificadas”.

“Somos muy buenos consiguiendo corazones, pulmones e hígados, porque sabemos cómo hacerlo sin perforar esa parte, sino rompiendo arriba, rompiendo abajo y comprobando que todo sale intacto”.

Sin inmutarse, esta directora informa además del precio de cada órgano –“entre 30 y 100 dólares, según la pieza”-; y explica que para conseguirlos en el mejor estado posible usan “procedimientos de aborto por nacimiento parcial”. O sea, van matando a las criaturas por partes, y poco a poco.

¿Humana o diabólica? Esta rebelión contra la vida que se está dando en Estados Unidos y en toda la Europa Occidental tiene algo –mucho- de “diabólicamente humana” o, si se prefiere, de “humanamente diabólica”.

¿Conseguirá el llanto y la lucha del pequeño Marco despertar la conciencia de legisladores, políticos, grupos de presión social, etc., etc., que están llevando paso a paso a Europa y a Estados Unidos al suicidio político, social, cultural, vital?

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