Opinión

Benedicto XVI: maestro y pastor

Benedicto XVI, con serenidad y paz, actúa de maestro y de pastor.

De maestro, porque tras reconocer la capacidad intelectual matemática del científico, le dice con toda claridad: "Lo que usted dice de la figura de Jesús no es digno de su categoría científica. Si usted plantea la cuestión como si de Jesús, en el fondo, no se supiera nada y que de Él, como figura histórica, nada fuese posible saber, entonces puedo sólo invitarle de modo decidido a hacerse un poco más competente desde un punto de vista histórico. Le recomiendo para esto sobre todo los cuatro volúmenes de Martin Hengel (exégeta de la Facultad teológica protestante de Tübinga) publicó con Maria Schwerner: es un ejemplo excelente de precisión histórica y de amplísima información histórica. Frente a esto, lo que usted dice sobre Jesús es un hablar descuidado que no debería repetir".

Y aprovecha para subrayar "que el Jesús descrito en los Evangelios es también el real Jesús histórico; que se trata de historia realmente ocurrida".

Se apena Benedicto XVI de que el matemático no sea capaz de descubrir el rigor científico de los métodos y del pensamiento teológico, y le llama la atención sobre la presencia de "ciencia ficción" en tantos escritos de científicos ateos:

"Lo que usted expone sobre las teorías acerca del inicio y del fin del mundo en Heisemberg, Schrödinger, etc., lo designaría como ciencia ficción en el buen sentido: son visiones y anticipaciones para tratar de llegar aun verdadero conocimiento, pero son precisamente sólo eso: imaginaciones con las que pretende acercarse a la realidad. Existe, por otro lado, ciencia ficción a gran escala también dentro de la teoría de la evolución. El gen egoísta de Richard Dawkins es un ejemplo clásico de ciencia ficción. El gran Jacques Monod escribió frases que él mismo incluiría en su obra seguramente sólo como ciencia ficción. Cito 'La aparición de los Vertebrados tetrápodos... se origina por el hecho de que un pez primitivo "decidió" ir a explorar la tierra, sobre la que sin embargo era incapaz de trasladarse sino saltando de un modo torpe y creando así, como consecuencia de una modificación de comportamiento, la presión selectiva gracias a la cual se habrían desarrollado los miembros robustos de los tetrápodos".

Estas muestras de "ciencia ficción" se comentan solas.

No puedo negar a Benedicto XVI que ha escogido muy bien dos ejemplos de "ciencia ficción", de los que estás llenas tantas consideraciones de no pocos "cientifistas", que se refugian en un concepto de "naturaleza" –con el que pretenden sustituir a Dios- que jamás llegan ni a explicar, ni a demostrar, ni a desentrañar: O sea, un fundamento carente en absoluto de alguna razón científica, en el sentido más matemático del término, y tampoco de ningún fundamento racional en el sentido más intelectual de la palabra.

Benedicto XVI considera también el vacío existencial del ateo matemático Odifreddi cuando le señala que todos sus argumentos no afrontan tres realidades latentes, y presentes, en la vida de cualquier ser humano: la libertad, el amor, el mal. Y ante este vacío de razonamiento, Benedicto deja entrever su corazón de Pastor:

"Me sorprende que usted de un solo plumazo liquide la libertad, que sin embargo es y ha sido el valor fundamental de la época moderna. El amor, en su libro, no aparece y tampoco hay información alguna sobre el mal. Diga lo que diga la neurobiología sobre la libertad, en el drama real de nuestra historia está presente como realidad determinante y debe ser tomada en consideración. Pero su religión matemática no conoce información alguna sobre el mal. Una religión que descuida estas preguntas fundamentales se queda vacía".

Una buena lección, para seguir dialogando con todas las periferias del mundo, como ha hecho siempre la Iglesia a lo largo de los siglos, y para ser conscientes de que la repuesta a la última pregunta que se pueda hacer el hombre es la Verdad, es Cristo.

Ernesto Juliá Díaz[email protected]

 
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