Opinión

La virtud de la castidad

Hoy día, el cuerpo humano se ha convertido en mercancía, en carne cuyo valor está tasado por la báscula, o en herramienta capaz de proporcionar placer. Nuestros políticos se fabrican en gimnasios y muchos jóvenes sueñan sueños de atleta y de semental. Se nos considera animales sofisticados. Poco más. Al final, carne de matadero. De matadero de lujo para maniquís que mueren con analítica perfecta.

Han saltado todas las alarmas con el caso de la “Manada”, y el de menores violadores. Delincuentes muy peligrosos con doce años, horror.  El discurso de la modernidad decía que no se debe reprimir; que el sexo libre, variado y consentido era estupendo; series muy modernas y muy falsas ofrecen modelos aberrantes. La violencia, la sexualidad humana son temas delicados, que exigen esfuerzo y responsabilidad. Nuestra naturaleza, está herida y el camino fácil es ir cuesta abajo. Y un código penal, no hace ciudadanos virtuosos.

Se lo oí a un Cardenal español hace unos años:” en la Iglesia llevamos más de  treinta años sin hablar de castidad”. Esto indica que  disminuyen la catequesis y el acompañamiento de esta virtud.

Es virtud para toda la vida, cuesta siempre: el pudor, la confesión frecuente y sincera, evitar con prudencia  las ocasiones de pecado son necesarios. Con humildad, la gracia de Dios no falla.  Y  lleva a una vida real, a un corazón limpio, a la felicidad.  Es virtud para solteros, para casados (hay castidad en la vida matrimonial), para novios, amigos, etc. Es virtud que nos capacita para tratar dignamente a los demás; a no utilizar a nadie para un placer egoísta. La impureza ciega, por eso es necesario mejorar el ambiente social y personal en esta virtud.

Responsables políticos, educadores, padres, cadenas de tv revisen muchos de sus planteamientos.


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