Opinión

Vaclav Havel, con Juan Pablo II

Vaklav Havel.
photo_camera Vaclav Havel.

Una aportación sobre la calidad de Vaclav Havel..."Aquel “milagro de Praga” que ocurriría el 22 de abril de 1990 cuando Checoslovaquia recibía a Juan Pablo II en breve visita, en realidad había comenzado el 12 de noviembre de 1989.

Así lo cuenta el cardinal Stanislaw Dziwisz en Mi vida con Karol: “El presidente Vaclav Havel, al recibir al Santo Padre, no pudo expresar mejor la extraordinaria elocuencia histórica de aquella visita". Un “milagro” dijo.

Seis meses antes, Havel, arrestado como enemigo del Estado, aun estaba en la cárcel. Ahora, le daba la bienvenida al primer Papa eslavo, al primer Papa que ponía los pies en aquella tierra. Aquel “milagro”, podría decirse, había comenzado en San Pedro, el 12 de noviembre del año anterior, cuando fue canonizada Inés de Bohemia. En aquella ocasión llegaron a Roma, desde su patria o fuera de ella, al menos diez mil checoslovacos. Se descubrieron unidos, fuertes, sin miedos. El Papa les dijo: “Vuestra peregrinación no debe terminar hoy. Debe continuar…” Y la peregrinación continuó hasta desembocar en la “Revolución de terciopelo” aquellos diez días que cambiaron la historia checoslovaca.

Casi una segunda Primavera de Praga. Milagro de Praga…palabras que dieron vida al emocionante discurso de bienvenida del Presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel al Santo Padre Juan Pablo II: Su Santidad, Mis queridos compatriotas, No sé si estoy seguro qué es un milagro. Y a pesar de ello, me atrevo a decir que en este momento estoy participando de un milagro: el hombre que hace seis meses fue arrestado por ser enemigo del Estado está hoy aquí ante vosotros como Presidente de ese Estado, dándole la bienvenida al primer Pontífice en la historia de la Iglesia Católica que pone su pie en esta tierra.

No sé si estoy seguro que es un milagro. Y a pesar de ello me atrevo a decir que esta tarde participaré de un milagro: en el mismo lugar donde hace cinco meses nos regocijábamos por la canonización de Inés de Bohemia, y se había decidido el futuro de nuestro País, hoy celebrará Misa el Jefe de la Iglesia Católica y probablemente agradezca a nuestra santa por su intercesión ante aquel que tiene en sus manos el inescrutable curso de todas las cosas.

No sé si estoy seguro qué es un milagro. Y a pesar de ello me atrevo a decir que en este momento estoy participando de un milagro: a un país devastado por la ideología del odio, ha llegado el mensajero del amor; a un país devastado por el gobierno de la ignorancia, ha llegado el símbolo viviente de la cultura: a un país que hasta hace poco estaba devastado por la idea de confrontación y división del mundo, ha llegado el mensajero de la paz, del diálogo, de la tolerancia mutua, de estima y comprensión serena, el mensajero de unidad fraterna y diversidad.

Durante estas largas décadas, el Espíritu fue borrado de nuestro país. Tengo el honor de ser testigo del momento en el cual este suelo es besado por el apóstol de la espiritualidad. Bienvenido a Checoslovaquia, Santidad.

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