Opinión

La Libertad de los hijos de Dios

Álvaro d'Ors.
photo_camera Álvaro d'Ors.

En mis años universitarios en mi alma mater, Universidad de Navarra, en varias conversaciones con Pedro Lombardía y Álvaro d'OrsÁlvaro d'Ors, les mostré mi perplejidad acerca de la expresión paulina sobre la libertad de los hijos de Dios. Yo no veía demasiada libertad: mi horario, mis obligaciones de Colegio Mayor, miedos, inseguridades, el trato con compañeras de estudios, acercar a mis amigos a Dios, poca discoteca y juerga en el sentido juvenil. No veo esa libertad.

Lombardía me dijo que a los 20 años y con compromisos serios en el terreno espiritual y humano era lógico que me faltaba perspectiva, que se adquiere con los años, claro. Con buen humor , me dijo, Tirapu, ustedes parecen todos catedrático de 20 años; saben latín, visten de traje, salen los fines de semana para catequesis, etc. Hablamos de finales de los 70, con la transición y todo aquello, sin ser consciente del momento histórico, que requiere años, experiencia y fracasos y triunfos.

Alvaro Dòrs me mostró su preocupación porque entendía que teníamos gran entusiasmo, digamos apostólico, pero que veía en muchos casos que se abandonaba el trabajo serio, la lectura esencial y pausada, la eficacia a corto plazo, las prisas, inquietudes y agobios y oh asombro, me habló de un cierto voluntarismo, si bien sin voluntad no hay nada que responder a estereotipos, horarios y activismo.

Bien, desde el 7 de enero de 2021 soy tío abuelo de dos gemelas y ya con dos tercios de la vida recorridos, sé que he morir mas no sé cuando ( desde la adolescencia me parecía cruel la muerte, ya que no conozco otra vida, la experiencia de muerte de compañeros de deporte o estudios, me llegaba a producir episodios de pánico; un médico de los 70, de siquiatría en España poco, me dijo que mi nariz era demasiado pequeña para un cuerpo tan poderoso).

Quiero decir, que con una cierta perspectiva, muchas horas de oración mental pensando que perdía el tiempo, el Espíritu Santo obra y te ayuda a comprender algo de que lo que es la libertad de los hijos de Dios. Me entrego a Dios, a los demás, en el trabajo en la vida ordinaria, porque me da la gana, porque quiero, en expresión feliz de Josemaría Escrivá. Y se empieza a intuir el sentido de la vida, lo bien que me lo he pasado, tantos amigos y proyectos, tanto cariño recibido y dado. Una vida plena y feliz, sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte ( un poco da). Philippe lo dice muy bien: me machacaba ante Dios como un miserable y resulta que debía verme con la mirada amorosa de Dios por mí y de su Madre, tan Madre. Miedo, no gracias, porque quien teme no es bueno para amar a Dios y a los demás.

Formadores de seminarios, instituciones religiosas, parroquias, sacerdotes fomenten una formación seria pero libre y paciente. No se asusten de nada, más ahora. Sepan que una gota de miel es mejor que mil litros de vinagre. Escuchen antes de responder, no hagan juicios demasiado definitivos, sean amables y cariñoso, pacientes. Y entre todos y con la gracia de Dios aprenderemos a ser hijos de Dios, con libertad, libres de ataduras y complejos, conscientes de llevar nuestro tesoro en vasijas de barro.

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