Opinión

El ciego de Jericó

El ciego de Jericó
photo_camera El ciego de Jericó

Ser ciego hace dos mil años era mala cosa. Jesús se acercaba a Jericó y el ciego, no quiso perder el tren de Jesús Dios, se puso a gritar, a llamarle, a clamar.

Los que estaban cerca le rogaban que callase. Cuantas veces, el ambiente, la familia, los prejuicios, el miedo a clamar, la sonrisa de los "compasivos" nos dicen lo mismo: calla, no molestes, eres un ciego, tranquilo ya te daremos unas monedas cuando pase.

Jesús le oyó y le dijo que quieres que te haga. "Señor que vea". Y saltó tirando su manto; si Dios llama hay que tirarlo todo. Pobre ciego, a lo peor te están tomando el pelo y vas a perder el manto, las monedas. Jesús le hizo ver y le seguía feliz.

Tagore relata, me emociono al recordarlo, la escena del pordiosero, que ante la llegada del gran Rey pensaba que sus problemas cesaban. Se le acercó el Rey y le dijo. "¿Qué me das?",  "¿Yo a ti?", esto era al revés. Hurgó en su mísero saco y le dio un grano de arroz. Por la noche al hacer el recuento de sus miserias , encontró un grano de oro y se maldijo por no haberle dado todo. Señor, que vea, que veamos, que vean.

Comentarios
Gratis
Quiero estar informado con el Boletín Diario en mi correo