Opinión

El relativismo es relativo

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En 1990, no recuerdo exactamente, en la revista Nuestro Tiempo realicé la recensión de un pequeño libro de Jean Guitton, que me había impactado: Silencio sobre lo esencial, Valencia 1987. “Tras veinte siglos de experiencia, cuando ya han sido propuestas por genios todas las soluciones posibles a los problemas supremos, sin que ninguna se haya impuesto −cuando hemos visto surgir y abismarse varias culturas; cuando la guerra de las armas, procedente de las ideas, e incluso de las religiones, qué tentador es volver a decir con Protágoras, Poncio Pilatos o Pirandello; ¿qué es la verdad? ¡a cada cual la suya!, todo es igualmente verdadero, igualmente ilusorio desde el punto de vista real y objetivo”.

Todo lo que el Papa Ratzinger ha definido como tiranía del relativismo o dictadura del mismo, estaba ya en la pregunta de Guitton. Y en consecuencia hemos sustituido los criterios de verdad, con los de sinceridad, verdad subjetiva, acuerdo con el propio yo y llamamos tolerancia a este mutuo respeto a nuestras contradicciones, que nos procura un cierto confort interior. “No me extraño, continúa Guitton, que como consecuencia de estos nuevos criterios, hayamos debido cambiar la opinión de los llamados jueces sobre temas que nos acucian: aborto, matrimonio de personas del mismo sexo, eutanasia… si existe una sociedad ligada a la verdad, es la de los creyentes. Los vemos honrar a los que han sufrido y sufren por su fe en vez de renegar de ella. Pero, cuando la sinceridad es el único criterio, aquellos que se tienen por testigos de la verdad..., nos parecen obcecados sublimes, como pensaba Marco Aurelio”.

En las discusiones de los padres conciliares aparece, con dramatismo esta cuestión. ¿Supone la libertad religiosa un indiferentismo de hecho, que lleva a renunciar el anuncio del Evangelio? Pueden la verdad y el error tener el mismo rango.

“Uno de los momentos más delicados del Concilio fue el debate sobre las relaciones de la libertad con la caridad. Escuchando este debate, veía yo perfilarse el problema que ocupa a todas las filosofías, el de la distinción entre lo subjetivo y lo objetivo, entre lo que es verdadero para mí y lo que es verdadero en sí… Si todas las religiones son equivalentes… la conducta del catolicismo romano es aberrante, en la medida en que afirma ser la plenitud de la unidad y la verdad. Tal es el centro inconfesado, reprimido de todos los problemas que van a plantearse en el siglo XXI, y en este sentido la crisis del tiempo presente no es tan teológica como filosófica…

Tal es la cuestión previa, porque es esencial… y le doy la razón a Simone Weil cuando escribía: Cristo ama que se prefiera la verdad, pues de hecho, Cristo es la verdad. Si alguien se desvía de El para ir hacia la Verdad, no hará un largo recorrido sin caer en sus brazos.

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