Opinión

¿Podrán las próximas generaciones celebrar el Día del Padre?

La profesora María Calvo en la UCV.
photo_camera La profesora María Calvo en la UCV.

Hace unos días, la profesora María Calvo alertaba en una conferencia sobre la desnaturalización de la maternidad: el niño ya no es acogido como un don y una sorpresa, la maternidad es ahora ‘a la carta’ en la medida en que la mujer tiene el control sobre la vida (decide si concebir o no, con un hombre o sin él, con amor o sin amor; dispone también, en función de las imperfecciones de la criatura que gesta, si dar a luz o interrumpir el embarazo…) Tanto es así que la familia de madres solas sin hijos es la que más está creciendo actualmente en España, y en Suecia, Francia o Finlandia ya es la mayoritaria. Otro dato: el último el decreto ley que amplía el permiso de paternidad en nuestro país suprime la palabra ‘padre’, que ha sido sustituida por la expresión ‘progenitor distinto de la madre biológica’. 

¿Qué hay detrás de esta coyuntura? El mensaje de que el hombre es perturbador, perjudicial; se puede y se debe prescindir de él. Una consideración que la técnica y el derecho respaldan porque previamente la cultura la ha normalizado. De hecho, me sorprende que los jacobinos contemporáneos aún no hayan guillotinado nuestro calendario y permitan que el próximo sábado celebremos el Día del Padre… Todo llegará. 

Entre tantas consecuencias de este dislate hay dos que recaen directamente en los niños varones. Una es que han sido arrojados al mar del vacío existencial por no contar con la referencia insustituible en la identidad que es el padre; algunos sobreviven al naufragio, pero la mayoría se ahogan (véanse las cifras de algunos estudios sobre el deterioro de la salud mental en niños y adolescentes). Dos, se está castrando a las nuevas generaciones, que no se atreven a exteriorizar su virilidad por temor al rechazo social: no quieren vivir la ‘masculinidad tóxica’, un término asumido con inconsciencia por los gobiernos y las organizaciones internacionales y que, para más inri, ha nacido en el ámbito universitario (también en la Academia los ideólogos extienden sus tentáculos… En este caso, la contienda loable de desterrar el machismo la han convertido en una escaramuza suicida de hostigar lo masculino). 

Cultura viene de cultivar y puede entenderse como el terreno que recibe la semilla de la verdad y la protege en su crecimiento. Sin embargo, en demasiados ámbitos la cultura ha dejado de ser lo que es, haciendo infecundo el sistema social. 

Aun así, no está todo perdido… Primero, porque el pensamiento y la vida intelectual existen más allá del debate público y de las modas: mostremos a los jóvenes referencias sensatas, que abundan en tantos siglos de civilización occidental y que también pueden encontrarse en la actualidad (es esperanzador y lúcido el ensayo Ser padre con San José. Breve guía del aventurero de los tiempos posmodernos, del escritor y filósofo Fabrice Hadjadj). Segundo, porque no hay mejor invernadero que el hogar: allí se puede controlar la temperatura, la humedad y otros factores ambientales para favorecer el desarrollo de nuestras plantas. Si hay que volver a la agricultura de subsistencia, la recuperamos. Y si llega el día en que tengamos que celebrar el Día del Padre en la clandestinidad, haremos una fiesta en el jardín. 

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