Opinión

Vaciedad islámica

Dos chicas con el velo islámico (hiyab).
photo_camera Dos chicas con el velo islámico (hiyab).

Me lo recomendaron, más de una persona, y puse los medios para leerlo, aunque tengo bastantes apuros para enfrentarme a libros largos. Se titula “El libro de mi destino” y el título dice más de lo que yo habría podido imaginar antes de leerlo. La historia que refleja las múltiples dificultades que atraviesa una mujer persa en los cambios de régimen desde el sha hasta el ayatolá, terminando en guerra con Irak, está descrita de manera que parece que ella tiene un destino terrible del que no puede salir.

Se podrían comentar muchos pequeños detalles de este largo relato, pero me parece que queda un fondo de frío, de estremecimiento, ocasionado por las diversas consecuencias a las que lleva una religión en la que el amor a los demás es irrelevante. Supongo que esto pasa sobre todo cuando uno maneja y procura vivir los principios cristianos.

Me decía una colega de la universidad que había visitado con su familia Constantinopla y habían entrado en una mezquita de donde salieron muy pronto, con sensación de frio, y no precisamente físico. ¡Vámonos, que aquí hay mal rollo! Cuando me lo contó se me vino a la cabeza el libro que estaba leyendo. Quizá podríamos decir que da pena pensar en tanta gente buena que está en esa frialdad, en esa religión vacía, con toda su buena intención. Es posible que haya musulmanes piadosos que están más cerca de Dios que muchos de esos cristianos que prácticamente han olvidado lo que significa su religión.

Pero las variadas problemáticas que surgen a lo largo de esta novela -quizá autobiografía- desvelan una religión de mandatos, de normativas, pero sin sentido. La protagonista, una buena persona y con buena cabeza, admite en su vida diversos modos de vivir claramente antinaturales. Admiten, con total normalidad, los preservativos, manifestando que es algo totalmente normal. Esto también ocurre en España, pero quien es buen católico sabe que es inmoral y busca soluciones.

Admiten, sin ningún tipo de repulsión, el divorcio. Y, por lo que ella misma cuenta, con un fin notablemente egoísta: quiere casarse con un hombre desposado y no tiene reparo ninguno en admitir que se rompa un matrimonio. Y eso una mujer claramente cumplidora, que reza, que acude a Dios con frecuencia. Pero no tiene moral.

No hay razonamientos especiales. También encontramos entre nosotros una actitud divorcista sin ninguna preocupación. Pero igualmente hay que decir que aquellos que tienen una preocupación cristiana no se dejan llevar por ese ambiente. En todo caso, someten su caso a los tribunales eclesiásticos, si piensa que hubiera sido nulo. En ese ambiente en que se desenvuelve esta historia, el divorcio es un plan posible para una persona muy piadosa y cumplidora.

Pero quizá lo que mas rechazo produce para cualquier cristiano es el planteamiento que se perfila en torno al matrimonio, tan distinto a un ambiente cristiano. El matrimonio preparado por los padres, el matrimonio de conveniencia, la necesidad que se puede plantear en una familia por casar, de inmediato, a una hija, los planes de matrimonio de los padres para sus hijos desde muy pequeños. Un desconocimiento tremendo de la libertad.

Después de leer una larga historia, de una piadosa musulmana, solo queda la tristeza de pensar en tantos millones de personas imbuidas en tanta pobreza religiosa.

Saniee Parinoush, El libro de mi destino, Salamandra 2017

Comentarios
Somos ECD
¿Buscas un medio de información libre, que no se casa con nadie?