Opinión

En Rusia, con su mujer

Portada del libro
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Las aventuras de Juan Martínez, de las que habla Chaves Nogales en su libro sobre la revolución rusa, son circunstancias de dos personas. El maestro Juan Martínez ha ido a Europa a ganar dinero con su arte flamenco acompañado de su mujer, Sole, y a pesar de los innumerables problemas sufridos hay algo que nunca queda de lado. Allí están los dos y, aun cuando haya separaciones momentáneas, Juan tiene bien claro que son dos bien unidos. En varias ocasiones hubiera podido solucionar sus peligros actuando por su cuenta, pero jamás se olvida de ella.

En un momento debe pasar un control que se monta para los que no son rusos y el oficial que está en la ventanilla, al ver la foto de los documentos de identidad suyo y de ella, le dice: - ¡Es guapa!, - Muchas gracias, señor oficial, contestó. - ¿Es tu hermana? – No, señor; es mi mujer. -Sería mejor que fuese tu  hermana- insistía aquel hombre. -Pues, no, señor, da la casualidad de que es mi mujer-, respondió dándose cuenta de por dónde iban los tiros. Las insinuaciones se hicieron más claras y ante la negativa del maestro español, el oficial salió de la ventanilla y le dio un puñetazo que le hizo rodar por las escaleras. Y desde luego quedarse sin el documento oficial que debían darle.

Hay otros momentos de la historia en los que él había tenido la oportunidad de huir a España, pero suponía dejar a su mujer en Moscú, y renunció totalmente a esa posibilidad. Son varias las ocasiones en las que se nota la condición intocable de matrimonio unido. Por desgracia uno siente cierta nostalgia al leer esta novela, basada en un personaje real, al pensar en lo difícil que es encontrar hoy en nuestra sociedad una idea clara de matrimonio indisoluble.

Hace pocos días aparecía en el telediario de la 1 un reportaje manifiestamente inmoral y provocativo: salían diversos hombres y mujeres declarando, más o menos, que las cosas han cambiado mucho, por suerte, y ya no se piensa en un matrimonio indisoluble. Prácticamente venían a decir que esos prejuicios ya han desaparecido. Y salía una joven de unos treinta años alzando los brazos y diciendo con algarabía que ella era libre.

Por desgracia es lo que estamos viendo cada dos por tres entre la gente joven. No hay compromiso. Ser libre, para ellos, es no comprometerse. O sea, justo lo contrario de lo que siempre han pensado las personas con dos dedos de frente. Eres libre porque eres capaz de compromiso. Te comprometes porque eres persona libre. Pero no, ahora ser libre es acostarse cada día con el hombre que se ponga delante. Es dejarse llevar por los gustos, sin tener capacidad de construir nada, de formar una familia.

De esta manera si vienen hijos al mundo es por una equivocación, o porque ella ha decidido ser madre. No es esposa, solo madre para hacer con su hijo lo que se le antoje. Y uno piensa en ese pequeño que no tiene ninguna culpa, pero tampoco va a tener padre, ni educación relativamente acertada, y sí todos los caprichos que se le antojen.

Es quizá unos de los cambios más lamentables y peligrosos de esta sociedad ácrata, abocada al libertinaje, sin tener ni idea de qué sea la libertad. Menos mal que aún en medio de este mundo donde solo vale el egoísmo, encontramos todavía familias, o sea, esa comunidad de personas que se quieren, donde hay un marido y una esposa que se unen para siempre y que, si Dios quiere, tendrán hijos, a quienes educarán en la libertad y en el amor.

Manuel Chaves Nogales, El maestro Juan Martínez que estaba allí, Libros del Asteroide 2012

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